Criadora de peces

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La Sierpe, una de las estaciones de alevinaje de más experiencia en la reproducción de especies de agua dulce, principalmente los ciprínidos –carpas, tencas y amuras-, cuenta en su fuerza laboral con mujeres y hombres avezados en las técnicas que conducen a buenos resultados en la obtención de especies prolíferas para poblar los embalses locales de Sancti Spíritus, y disponer de millones de pececillos  posteriormente distribuidos en  granjas acuícolas de otras provincias.

La estricta vigilancia y el control de todo el proceso productivo requiere de la dedicación de obreros, técnicos y administrativos. Mas existe una categoría ocupacional  tradicionalmente ejecutada por el sexo masculino —los criadores— que se encuentra  entre  las de mayor importancia. Son ellos los encargados de seguir el desarrollo  de los peces  que en el estadio larval se “siembran” en los estanques.  Por lo duro de la tarea, sobre todo a la hora de mover los chinchorros para los muestreos o la pesca propiamente, sólo los hombres se especializan en el quehacer. Sin embargo, una mujer, Sixta Acosta, decidió probar fuerzas y desde hace once años es una más dentro de la brigada.

 

 

Acostumbrada

-¿Por qué te decidiste a ser criadora, tratándose de una labor que te exige mayores esfuerzos físicos? Sin pensar dos veces me respondió.

- Es que mi madre, desde pequeña me enseñó a realizar todo tipo de trabajo, fuerte o suave,  y me acostumbré.

-  Según me cuentas eras cocinera aquí mismo. ¿No te gustaba?

- Sí... sí, cómo no, pero aquí disfruto más los resultados; por ejemplo, cuando compruebo cómo se comporta  la supervivencia de esos animalitos, que a veces nos quitan el sueño, o también al contemplar un estanque limpio, sin plantas intrusas que obstaculicen el normal crecimiento de los pequeños peces.  Además, aquí obtengo mayor remuneración.

 

La creación de estaciones de alevinaje,  propias de zonas rurales por la cercanía a presas y micropresas, amplió las opciones de empleo para los habitantes de poblados colindantes con los embalses. Nuestra entrevistada y su hijo menor son un ejemplo.

La acuicultura cubana ha recibido un trascendental impulso en los últimos años y muchas mujeres a lo largo y ancho del país  pueden verse alrededor de los estanques, pero la mayoría de ellas están dedicadas al asesoramiento técnico, a los análisis y muestreos químicos o biológicos que no requieren tantas horas al sol y en el agua. El caso de nuestra criadora es menos común,  incluso su propia brigada  es dirigida por una joven  técnica en Biología Pesquera. A “la jefa” dedicaremos otro espacio de Mar y Pesca,  tiene ella mucho que contarnos de sus avatares dirigiendo hombres contemporáneos y mayores también, aunque Sixta es para ella la necesaria camarada de género solidaria con las responsabilidades que enfrenta.

La  mujer que nos ocupa inspira una tradicional pregunta: ¿Cómo te va con ellos, los criadores?

-Si supieras, bueno... a veces bromean como has podido observar, pues me dicen:  Sixta, entra, mójate, aquí hay que hacer de todo.  Yo debo, como  ellos, sumergir parte de mi cuerpo en el embalse, halar el chichorro cuando es necesario; trato de no diferenciarme, en especial a la hora del trabajo fuerte, porque lo asumí y hasta el momento lo he cumplido correctamente.

A nosotros nos consta que las bromas son de puro cariño hacia esta cubana cumplidora de su deber.

 

Los más cercanos

No es posible hablar con una compañera como ésta sin inquirir por la familia.  Tiene dos hijos, uno como mencionamos anteriormente, es también criador de peces y se le puede encontrar por diferentes áreas de la estación de alevinaje, trasladando animales adultos hacia las salas de cría, pesando o, sencillamente, preparando las condiciones para la inyección de hormonas que acelera el proceso reproductivo de las tencas. Por cierto, con mucho orgullo marchó presto a solicitar la presencia de su progenitora para presentársela al grupo.

Ella además tiene una hija, especializada en la Informática. Sixta es casada  y, según nos explicó, su esposo aceptó gustoso el cambio de cocinera a criadora de peces.  En cuanto a su fallecida madre, nos recuerda que fue una gran ayuda cuando sus hijos eran muy pequeños y debía permanecer muchas horas al pie de los estanques.

El mediodía y la hora de almuerzo en el comedor de la estación de alevinaje sorprendieron a esta redactora: Buscábamos a la compañera para aprovechar el descanso y entrevistarla, ya le habíamos tomado la foto durante la faena  acuícola,  pero  no la encontrábamos y alguien nos alertó: Ahí la tienen.  Es que ella se transforma y cambia su chubasquero, el sombrero alón, las mangas largas de la camisa que la protege del sol, las botas de goma y el pantalón de trabajo,  por la ropa de calle, un peinado suave y el carmín de los labios;  sin embargo,  sus manos continúan afanosas. No olvida sus tiempos en las labores culinarias y cuando es necesario ayuda a las muchachas a preparar las mesas para el almuerzo, los cubiertos y a rellenar los vasos de agua para sus compañeros.

Así es Sixta, una de las tantas mujeres de este país que aprovechando las posibilidades de mayor integración y diversidad de opciones de empleo, cambió la olla por el chinchorro pesquero.

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