Fumarolas marinas, ¿señal de alerta para los peces?

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Descubiertos en los años 70, los respiraderos hidrotermales se hallan en las cordilleras volcánicas activas donde el agua se filtra hacia el subsuelo marino, recoge el calor y los minerales, para finalmente, emerger de nuevo a través de los respiraderos.

Los respiraderos más calientes y vigorosos se denominan fumarolas negras, llamadas así porque cuando los fluidos que emiten golpean las aguas marinas heladas, los minerales se precipitan, y el efecto visual es justamente el de una nube oscura de humo.

A tenor con nuevas investigaciones, la suposición de que las fumarolas negras permanecen en silencio es errónea. Por tanto, los científicos se cuestionan hoy si las vibraciones y los sonidos provenientes de ellas son la razón por la cual los peces en la oscuridad total consiguen evitar ser alcanzados por chorros de agua a temperaturas tan altas como 400 ⁰C. Y, cabe plantearse, además, si sonidos similares les sirven de guía para hallar las cardúmenes de mejillones, camarones, caracoles y demás fauna de los respiraderos hidrotermales con aguas más templadas.

Timothy Crone, de la Universidad de Washington, ha demostrado que los respiraderos no están callados. Se juzgó necesario intentar nuevos registros, pues Crone y otros oceanógrafos están a la búsqueda de nuevas maneras para medir los flujos de los respiraderos hidrotermales, fuentes oceánicas de calor y minerales que los científicos desearían comprender mejor.

Un sistema de registro acústico digital para las profundidades marinas fue desplegado en el campo de fumarolas de Main Endeavour, que se halla en el fondo marino, a unas 300 millas al oeste de Seattle en la Dorsal Juan de Fuca. Crone registró 45 horas de sonidos en el respiradero que los científicos llaman Sully, y 136 horas en el respiradero llamado Buffer. El investigador compara el sonido de Sully con el de un incendio forestal.

La pregunta en mente de muchos, ¿cuán intenso sería el sonido si lo oyésemos en el propio lugar donde se genera?, no puede responderse con una averiguación directa, porque la presión en la profundidad donde se encuentra la mayoría de las fumarolas negras lo hace inviable. Pero, valiéndose de cálculos, Crone y sus colaboradores creen que el nivel sonoro debe estar entre el de una conversación normal y el de un secador de pelo.

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