CURIOSIDADES

Algo más que un faro

El interés del Gobierno español por construir un faro en Cabo Cruz lo fijó en una Real Orden del 21 de abril de 1853. De su ejecución se encargó el gobernador del departamento oriental, Carlos Vargas de Machuca, quien desde inicios de 1855 comenzó la construcción de la obra marítima.

El punto escogido para la construcción del faro fue la punta oeste del promontorio, pegado a las aguas. Las maderas y las piedras de canterías las tomaron de los terrenos de don Francisco José de Céspedes, recursos por los cuales el dueño pidió la correspondiente indemnización. El director interino de la obra, don Baltazar Gómez, estuvo de acuerdo en hacer los pagos, pero el tiempo pasaba sin confirmarse.

Por problemas del firme del terreno, más tarde, el 31 de enero de 1859, tuvo que desplazarse el sitio. El ingeniero español Antonio Lloje lo alejó unos veinte metros del mar, aprovechando la piedra caliza.   La torre de mampostería, cuadrangular cónica y esquinas en sillerías, creció hasta 32 metros de altura sobre el suelo y a 38 sobre el nivel del mar.

Entró en servicio oficialmente la noche del 5 de mayo de 1871. Tuvo como nombre Faro Vargas, en honor a su artífice Carlos Vargas de Machuca. Comenzó con un sistema de alimentación basado en lámparas de aceite de oliva, cuya luz era visible a una distancia de 19 millas.  

Junto a la torre se construyó una amplia vivienda rectangular, de una sola planta. Una parte fue destinada para vivienda del farero y la otra, con las salas más amplias y pegadas al mar, para almacenes de mercancías.

Ayudas a la navegación

Los faros son construcciones de vital importancia pues permiten orientar a los barcos para evitar el encuentro con los peligros a la navegación de las traicioneras aguas del mar Caribe, fundamentalmente a la entrada sur del Golfo del Guacanayabo y la franja del litoral que abarca hasta el poblado de Pilón.

Concluido en 1871, en medio de la guerra de independencia, en las cercanías del  faro se estableció  una guarnición española y al año siguiente la torre fue dotada  de seis lentes de escalones  o lentes  de Fresnel, llamados así  por su inventor, el ingeniero francés Agustín Fresnel.  Este sistema daba una luz fija con destello cada dos minutos, con el apoyo en anillos cilíndricos. El cambio permitió ampliar su visibilidad a  36 millas náuticas.

El faro de Cabo Cruz, Carlos Manuel de Céspedes y El Cucalambé

Desde septiembre de 1859, el nombre de Carlos Manuel de Céspedes, abogado y contador, quedó asociado  al  faro  de Cabo Cruz, pues asumió  las funciones  de vocal y secretario contador de la Junta de Fomento de Manzanillo. Entre las obras a cargo del organismo paraestatal se encontraba la conclusión de la casa del farero y algunos detalles del faro.

Esta actividad vinculó mucho más a Céspedes con su amigo, el poeta Juan Cristóbal Nápoles, conocido como El Cucalambé, quien desde inicios de 1859  era el  pagador de la  Oficina de Obras Públicas de Santiago  de Cuba, encargada  del pago a los trabajadores  del  faro  de Cabo Cruz. Una vez que Céspedes llenaba las nóminas, recibía el visto bueno de El Cucalambé, quien  entregaba el dinero a la Sociedad de Seguros Marítimos. Esta lo ponía en las manos  del patrón de la lancha de Cabo Cruz, el que lo daba directamente al pagador en la obra.

Pero  la relación  de Carlos Manuel con el faro no solo fue mediante el pago mensual a los operarios, sino también mediante un pleito judicial de carácter familiar. Resulta que a don Francisco José de Céspedes, tío y suegro del abogado, no se le había pagado ni un centavo por los recursos que se sacaban de su propiedad durante los últimos seis años. Por eso en febrero de 1861 reclamó a la Junta  de Fomento de Manzanillo los adeudos. Una vez reconocida la justicia de la petición, fue solicitado al encargado de la obra un informe circunstanciado de las maderas cortadas y las piedras extraídas con su clase y dimensiones desde el inicio de la construcción. Además, pidió la remisión de un croquis con las medidas  del terreno  que abarcaba la obra, con vista a que fuera constante la cesación y pago al  dueño del feudo.

El director de Obras Públicas  de Oriente, don José de Córdova, a los pocos días ofició al secretario de la Junta  de Fomento planteando que el terreno de la torre y las canteras solo distaban 25 varas del mar por cuyo motivo estaban dentro de las 40 varas de flujo y reflujo que  demarcaba la ley. Por otra parte, señaló que no podía remitir el croquis por “no  estar  dentro de sus facultades sacar copias de planos sin orden superior”.

Ante aquella inopinada reacción, la Junta celebrada el 12 de marzo dispuso que Francisco José  de Céspedes tramitara sus derechos por la vía legal. En otros términos, debía demostrar la legítima  posesión de aquellos terrenos y que las maderas y piedras se sacaban de un radio superior a lo dispuesto por la legislación. En sus funciones  de secretario, Carlos Manuel de Céspedes expidió todas las certificaciones y formó el expediente  de reclamación.

Evidentemente, Pancho de Céspedes necesitaba la asesoría de un abogado, y siendo su yerno uno bastante competente y su apoderado, seguramente fue la mente clara y ágil que redactó el memorial que el demandante firmó el 9 de junio con destino a la Junta de Fomento. En tono convincente  decía que de las mismas palabras del director de Obras Públicas se deducía que, efectivamente, el terreno, las canteras y las maderas ocupadas eran propiedad  del representante y aclaraba:

“Aunque se suponga sin concederlo, contra el espíritu  de nuestra legislación, que los árboles y demás propiedades radicadas en las riberas del mar no pertenecen a los dueños de las tierras que este bañe, por la propia exposición del repetido Director interino, se viene en conocimiento de que las especies arriba mencionadas se han tomado a veinticinco o más varas del mar, siendo así que por las ordenanzas de la Armada y reales  órdenes vigentes, la zona marítima está reducida a veinte varas de mayor marea ordinaria, por lo cual es un error extenderla a cuarenta varas como lo hace el informante.

“Esta es la mejor prueba del derecho que compete al que representa, no teniendo que recomendar más este extremo, sino la responsabilidad que pueda resultar contra el comunicante, por los daños y prejuicios que le irroguen, no obstante que el exponente confía en la ilustrada justificación  de las autoridades administrativas de la isla, que desde luego procederán a enmendar la equivocación tan manifiesta cometida por ese funcionario; pues el gobierno español lleva por norte la justicia y no necesita aprovechase sin indemnización de los bienes de sus leales súbditos, que todos con voluntad han estado y están siempre a su servicio, cuando así se ha estimado conveniente”.

Era bueno que el súbdito Francisco José de Céspedes, comandante de las milicias blancas de Bayamo y Santiago de Cuba y condecorado con la orden Isabel la Católica, se expresara de este modo sobre la corrupta administración colonial. Debió demostrar que el hato de Macaca  desde 1714 pertenecía a la familia por legítima sucesión de su esposa doña Catalana del Castillo y Ramírez de Aguilar, pasando de padres a hijos por legítima sucesión.

A pesar de extenderse la querella por varios años, el Gobierno español nunca hizo público el croquis  del faro de Cabo Cruz ni pagó los cortes de árboles ni las sillerías sacadas de una propiedad particular. Sin dudas el “honesto súbdito” Francisco José de Céspedes fue blanco de un escandaloso abuso por parte de la administración colonial.

¿De qué se compone la espuma del mar?

La espuma de mar es un coágulo de miles de millones de microorganismos, muchos de los cuales la ciencia no conoce aun siendo el mismo un peculiar extracto de lo que contiene el océano mundial.

Al menos a esa conclusión han llegado los científicos de la filial de Odessa del Instituto de Biología de los mares meridionales de la academia de ciencias de Ucrania, los cuales consideran muy posible que precisamente de la espuma del mar nació y se desarrolló  la célula viva en la tierra.

Los microorganismos y las plantas que contienen la espuma del mar pueden servir de inagotables fuentes de materias primas  para la Industrias química, alimenticia y farmacéutica.  Es interesante señalar que los científicos de Odessa han llegado a ese descubrimiento al estudiar el comportamiento de las huevas del sargo en la espuma del mar.

Delfín

¿Por qué los defines tienen la cabeza grande?

Los delfines, y en general todos los odontocetos (cetáceos con dientes) son los únicos animales, además del hombre actual, que han tenido a través de la evolución un desarrollo considerable del cerebro. Científicos norteamericanos  acaban  de demostrar cómo se produjo este progreso.

Para alejar a los tiburones

Una empresa australiana desarrolló un escudo electrónico contra tiburones, con el fin de proteger a buzos, surfistas y otros bañistas. Se trata de un sistema provisto de dos electrodos, los cuales emiten un campo electromagnético que mantiene  a los escualos a distancia. Estos animales tienen sobre su hocico receptores sensoriales que les permiten orientarse en relación con el campo magnético terrestre, llamados vejigas de Lorenzini, y que a su vez son sensibles al campo electromagnético emitido por el aparato, el cual les causa espasmos musculares cuando se le acercan.

El Maracaibo es grande de verdad

El lago Maracaibo, perteneciente a la República Bolivariana de Venezuela, es el mayor de Sudamérica, con una superficie superior a la de varios países europeos y algunas naciones caribeñas: Sin embargo, no es un lago.
Sus aguas son saladas y se comunican con el mar Caribe por un canal de unos 25 kilómetros de largo y menos de dos de ancho. Por ello, a pesar de los numerosos ríos que vierten su dulce contenido en él, el intercambio más significativo con el mediterráneo americano le otorga su sabor característico.

El sapo de Boqueron

Curiosidades remedianas

Remedios, como todo pueblo antiguo, tiene fascinantes y místicas leyendas, vinculadas al fenómeno atmoférico de la lluvia.

Cuentan los pobladores más viejos de la villa que cuando eran jóvenes y se avecinaban días de lluvia, se escuchaba desde el camino que conduce a la cueva del Boquerón, en el Tesico, el croar de un sapo gigantesco que les anunciaba época de aguas a unos y pánico a otros. De tan viejo que era el animal, su cuerpo era escamoso y su croar se escuchaba a una legua de distancia. Al parecer murió muy viejo, porque nadie ha sentido más su estridente sonido.

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