Gente de mar

LA MODESTIA DE UN PROTAGONISTA

Cuando se habla de hombres de mar en Cuba, muy pocos pueden presumir de un aval como el de Miguel Batista González —y otros que iremos mencionando en futuras edi­ciones de nuestra revista. Sentado en su sillón y acompañado por su esposa, Miguel recuerda los años de fulgu­rante desarrollo de la industria pes­quera

Emigrantes recien llegados en el momento del desembarco.

La imborrable estela gallega

Aunque los pueblos que fueron ocupando la Península Ibérica, como los indoeuropeos, ibéricos, várdulos y vascones, entre otros, no realizaron ninguna división político administrativa de este territorio  desde de la invasión romana hasta nuestros días,  España ha sufrido diversas divisiones territoriales para finalmente llegar a las nacionalidades reconocidas hoy en la Constitución Española.

Cierto  es que en  el territorio  español existen diferentes grupos humanos con singulares formas de ser que responden a identidades históricas y culturales, heredadas a través de numerosas generaciones. Aunque los cubanos reconocemos  lo anterior, tendemos a enmarcar dentro de la palabra "gallegos" a todos los peninsulares, a pesar de la importante presencia en la Isla de otros grupos de inmigrantes, como lo fueron los mallorquines, los isleños, los catalanes y los asturianos, por solo citar los más representativos.

Muchos criterios existen sobre el tema, pero a juicio de este redactor, el hecho de que los criollos llamemos gallegos a los peninsulares en general, se debe en buena medida  a la mayoritaria presencia de estos, junto a la de los asturianos, en el proceso migratorio hacia Cuba. Los invito a reflexionar sobre tan polémico tema.

Como práctica, los inmigrados, en todas las épocas, llegan a los países que escogen como destino con algunas referencias de paisano o personas conocidas ya establecidas en el lugar, y al arribar al país elegido regularmente dan sus primeros pasos de la mano de dichas personas.

De la misma forma que cualquier criollo, sin temor a equivocarse, puede decimos que la presencia canaria en nuestro país se encontraba mayoritariamente asentada en los campos, desarrollando labores agrícolas, no sería arriesgado plantear que los oriundos de Galicia se asentaban por lo general en zonas urbanas, donde se abrían paso en diferentes actividades dentro de los núcleos poblacionales, lo cual les posibilitaba mezclarse con el vecindario. Trabajar y vivir de manera estable en un sitio les facilitaba poder tender la mano a la gente del terruño que continuaba arribando a puertos cubanos. En la práctica, los mismos negocios de los que ya habían logrado una estabilidad en Cuba, resultaban ser las primeras opciones laborales de los recién llegados.

Singular importancia tiene el hecho de que los inmigrantes gallegos, en su mayoría jóvenes, además de trabajar en núcleos urbanos, muchas veces vivían en los mismos negocios de quien los acogía. La forma de ser de los peninsulares, unida a la hospitalidad  de  los cubanos, les permitió en breve integrar los círculos de amistades de los criollos. No fueron pocos los que conocieron su primer amor en la isla antillana y formaron una familia con una criolla "de talle gracioso y andar zalamero", como decía la letra de una popular canción del pasado siglo. Tampoco puede negarse que desde que los hijos de Galicia pusieron sus pies en el país, fueron acogidos como hijos muy queridos por todos. No por gusto la pintoresca imagen del gallego ha estado muy presente en las obras de la literatura y el teatro vernáculo de la Isla.

El sueño americano

Notable resultó la presencia gallega en Cuba durante la primera mitad del siglo XX.

Las remesas de dinero y las noticias que se recibían en la Península sobre la vida de los americanos o indianos, como se denominaba a los que venían a América a abrírse camino, unido a la capacidad financiera que aparentaban disfrutar cuando iban de     visita a la tierra gallega de origen y las reiteradas ofertas de los navieros para viajar a América, eran factores muy importantes que incitaban a la emigración.

Menciónese además que la emigración favorecía las expectativas del Gobierno español de incrementar la presencia peninsular en sus colonias de América con una fuerza laboral joven, lo cual contribuía, a su vez, a minimizar problemas en una España que atravesaba entonces una difícil situación.

En fin, estaban creadas todas las condiciones para que los hispánicos vieran en América una oportunidad de probar suerte y evadir, por qué no, el temido servicio militar, que para los pobres resultaba una verdadera tragedia, al estar latente el peligro de perder la vida en las contiendas bélicas de entonces.

Al escribir sobre el tema, me viene a la memoria cuando hace mucho, por allá por Moaña, en la provincia de Pontevedra , Galicia, una anciana encorvada por los años, al hablar de la emigración gallega, decía con su voz pausada : " para cualquier joven que lograba viajar a América y establecerse en ella, era esto un gran triunfo, como también resultaba ser un sueño realizado para cualquier mujer casadera de la época, ser la novia o esposa de uno de aquellos triunfadores que regresaban a la aldea muy bien vestidos, con muchas joyas y haciendo los cuentos de un edén llamado América".

El misterioso embrujo del mar

Quienes han vivido o trabajado en el mar siempre hablan del intangible embrujo que tiene esa gran masa de agua salada. Esta extraña filiación con el mar hizo que los inmigrantes provenientes de las regiones costeras gallegas hicieran cuanto fuera posible, al llegar a Cuba, por desempeñarse en el sector marítimo y pesquero de la Isla, sirviendo a su vez de apoyo a los que continuaban desembarcando e iban incorporándose a dichas actividades en el mar y la pesca.

Importante presencia resultó ser también la de los mallorquines, catalanes y asturianos, sobre los cuales desarrollaremos trabajos en futuras ediciones.

Durante la primera mitad del siglo XX, El Ferrol, La Coruña Puentedeume, Ares y Mugardos, entre otras regiones gallegas, estaban muy bien representadas en Casablanca, Isabela de Sagua, Arroyos de Mantua, Batabanó,  Caibarién, Manzanillo y otras comunidades costeras del país donde además de la pesca, se desempeñaban en otras labores portuarias y marítimas.

Tal fue la representación de peninsulares y especialmente de los gallegos en las diferentes asociaciones  gremiales  durante la segunda década del pasado siglo, que los llevó a desempeñar un papel protagónico en el movimiento obrero cubano de entonces; igualmente significativa fue la labor del Sindicato de Viveristas en la fundación del primer partido marxista en Casablanca.

La participación de los gallegos en protestas y huelgas en la rada habanera fue tan destacada, que aportó sus mártires, como es el caso del dirigente sindical Manuel Porto Pena (natural de Orense), asesinado en 1940 por su activa participación en el movimiento obrero nacional.

Por aquella época, en el litoral del conocido poblado de Casablanca grandes jaulas sumergidas funcionaban como viveros, donde las embarcaciones depositaban los ejemplares vivos que posteriormente salían para   la  venta  en  los  comercios  de  la capital.  Los viveros garantizaban el consumo de pescado fresco y constituían una importante fuente de empleo para los casablanqueños.  Durante  los años 40 del pasado  siglo, muchos pescadores optan por librarse de los conocidos armadores mediante la compra de embarcaciones que, de forma individual o a través de asociaciones, operaban en el Golfo de México, permitiéndoles acudir directamente al mercado y vender sus capturas sin intermediarios. A finales de la primera mitad del siglo XX, casi toda la industria conservera de productos del mar y el comercio mayorista del puerto de Batabanó estaba en manos de inmigrantes gallegos y de sus  descendientes.

Galicia, una eterna sinergia con la pesca cubana

La labor emprendida por aquellos pescadores gallegos en el Golfo de México y en otras zonas de la plataforma insular cubana, sentó las bases para la creación de una flota de altura nacional y de cooperativas pesqueras a lo largo del país, que comienza a hacerse realidad en los años 60 del pasado siglo, momento en que los cambios generados en la Isla traen aparejados nuevos conceptos respecto a la necesidad de vivir de frente al mar y conquistarlo. La vieja flota fue reemplazada paulatinamente por barcos con mejores condiciones de trabajo y de vida a bordo, que conforman las empresas estatales de pesca.

En el momento en que ocurre el despegue hacia el pujante desarrollo del sector pesquero cubano, muchos de aquellos pescadores gallegos prácticamente se encontraban al final de su vida laboral y se acogieron a la jubilación. Pero, a pesar de ello, no fueron pocos los que se integraron a las empresas y desarrollaron un importantísimo papel en la preparación de una nueva generación de pescadores,  entre los cuales se cuentan los descendientes de aquellos emigrados que formaron parte de la moderna flota oceánica que durante años operó en los más distantes caladeros del planeta.

Fueron astilleros gallegos los que construyeron la mayoría de los buques palangreros y arrastreros de la flota cubana del alto. De esa región española  también llegaron los primeros maestros de pesca de nuestros buques, y diferentes compañías de allí, en alianzas estratégicas con empresas cubanas, han comercializado y comercializan los productos cubanos de la pesca.

Sin lugar a dudas, durante más de un siglo la imborrable estela gallega ha estado  -y seguirá estando-- presente en la actividad pesquera de esta Isla, esa misma estela que observan quienes, conociendo cualquier poblado de las rías bajas gallegas, visitan nuestra querida y pintoresca villa de  Casablanca.

Rudimentario muelle. Al fondo, balandros de pesca  

Centro Gallego, monumental obra que denota el poder económico de los gallegos en la isla.

General del Ejército Libertador cubano

Francisco Villamil (1833-1873)

Se unió a las tropas libertadoras el 6 de febrero de 1869, desarrollando importantes acciones en la parte central del país. Por su identificación con la causa independentista, su arrojo y valentía, nueve meses después había alcanzado el grado de general de brigada. Designado jefe  de la División de Sancti Espíritus en marzo de 1871, cruza la trocha de Júcaro a Morón para  apoyar a los camagüeyanos  contra la ofensiva española, subordinando  el contingente villareño a las órdenes del  Mayor General Ignacio Agramonte.  En mayo de 1872 es ascendido a Mayor General del Ejército Libertador.

Tras una larga enfermedad provocada por una herida recibida en combate, muere en un campamento mambí en el mes de agosto de 1873.

Fue uno de los militares más activos y tenaces entre los que primeramente lucharon en Las Villas. La hermandad mostrada por este hijo de Galicia lo identificó plenamente  con la justeza de las ideas que defendían las tropas mambisas en la manigua.

 

Ilustraciones Evelio Toledo, archivo e internet.

Tomado de la Revista 386

Camaronero

SOBRE EL ENCUENTRO EN LA HABANA DE PROYECTISTAS Y CONSTRUCTORES NAVALES DE LA INDUSTRIA PESQUERA CUBANA

 

 

 

 

 

Cuando Marcel Menéndez De La Torre, concibió la idea de reunir a proyectistas y constructores navales de la industria pesquera cubana, el organizador, jamás imaginó la aceptación y el ambiente que reinarían en los encuentros convocados.

Sobre el tema, la Revista Mar y Pesca, singular testigo de la historia marítima y pesquera en Cuba desde su fundación en 1956, no ha hecho otra cosa que aprovechar la excepcional ocasión, para publicar un trabajo bien diferente en que los rostros de aquellos a los que vimos salir las primeras arrugas y canas sustituyeran cualquier texto.

El agradecimiento no debe ser para el medio que represento, sino para la absoluta modestia y profesionalismo de quienes brindaron los mejores años de sus vidas, poniendo a prueba todo su ingenio en obras que después de muchas décadas, sostienen la industria pesquera cubana.

Proyectistas y constructores navales de la industria pesquera cubana

 

Para los que nos han comunicado de forma pública o privada su aceptación a lo publicado.

Marcel Menéndez, concibió la feliz idea de reunir a proyectistas y constructores navales de la industria pesquera cubana, pero estamos seguros que el organizador, jamás imaginó la aceptación y el ambiente que tendrían los encuentros convocados por él.

Nuestra revista como singular testigo de la actividad marítima y pesquera en Cuba desde 1956, no ha hecho otra cosa que aprovechar la excepcional ocasión, para publicar un trabajo diferente en el cual los rostros de aquellos en los que vimos salir las primeras arrugas y canas, demostraran  que era posible prescindir de textos con rebuscadas palabras.

Las gracias deben ser para quienes con absoluta modestia y muchas veces de forma anónima, brindaron los mejores años de sus vidas y todo su ingenio a proyectos y construcciones navales para la pesca cubana.

 

 Decimos adiós al  incansable lector que se fue como siempre dijo que quería hacerlo: “con las botas puestas”.

NOS DEJA UN GRAN AMIGO Y UN FIEL LECTOR

Tenía apenas 12 años cuando visité por primera vez el Puerto Pesquero de La Habana;  iba en busca de la boleta para mi ingreso en la escuela de pesca.  En aquella ocasión coincidí con un simple obrero de  tez negra y baja estatura que iba y venía al parecer muy ocupado.

Tiempo después le vi portando en su cintura un set de herramientas y un teléfono de prueba: ya era simplemente “el telefónico”.  En toda mi vida dedicada a la pesca  siempre asocié aquella figura de enérgico andar con diferentes instalaciones del Puerto Pesquero. 

Durante años no supe su nombre y lo mismo les sucedía a otras personas que  lo conocieron, pues su constante  presencia, su carisma y amabilidad infinita eran suficiente identificación.  No obstante, los encuentros frecuentes me permitieron conocer su nombre, Franklin Francis Henderson, nacido en  Camagüey en 1940.

Procedente  de la marina de guerra, donde se desempeñó como telegrafista, con solo 20 años se incorporó a los recién creados Instituto Nacional de la Pesca y  Puerto Pesquero de La Habana.  Allí  permaneció casi 60 años, asumió innumerables tareas con  gran ímpetu y entusiasmo juvenil.   Pero la radiocomunicación  fue su preferida, al punto de  armar sus propios equipos.  Esto lo llevó a ingresar en la Federación de Radioaficionados de Cuba, donde dirigió  el Club del Cerro.

Los amigos extrañaremos  al que  hoy nos deja que siempre estuvo al tanto de todo y de todos, los radios aficionados de Cuba y del mundo, dejaran de escuchar la voz  de aquel  fiel lector de la Revista Mar y Pesca, que leía y comentaba al aire todo lo que publicábamos.

Sirvan estas líneas como testimonio de nuestra más alta consideración al amigo y al  hermano Franklin. En nombre de los que hacemos posible la revista Mar y Pesca, decimos adiós al  incansable lector que se fue como siempre dijo que quería hacerlo: “con las botas puestas”.

 

Grandes de la isla chica

Desde su puesto detrás del timón del Argus I, el Hacha como se nombre este hombre, alzó el brazo y abrió sobre su cabeza  la tapa que da acceso al techo de la caseta. Se paró sobre la banqueta en la que estaba sentado y sacó medio cuerpo por la escotilla para otear el horizonte a pocas millas al sur de Carapachibey, Isla de la Juventud al sur de Cuba. Sorprendentemente su pie izquierdo, apoyado contra la rueda del timón, mantenía el rumbo hacia un punto que él y solo él, era capaz de identificar.

Entre colegas

Emotivo encuentro de fundadores, del Centro de Proyectos Navales,  fuel el término de una idea que se concretó el pasado 17 de diciembre en el rancho recreativo ubicado en el municipio Casa Blanca.  La reunión  contó con la presencia de algunos de los que aquel año de 1976 iniciaron y otros que se integraron a  la  empresa  creada en ese año por el Ministerio de la Industria Pesquera.

 

El desesperante ruidito

Innumerables son las anécdotas de los oficiales y marinos en los buques cuando navegan, la historia de hoy provocó insomnio, pero gracias a la ayuda  de la tripulación el mal fue resuelto, pero… ¿quién fue el culpable?
 

Arte y belleza bajo el mar

Nayomi Rodríguez Acosta, procede de una familia de buzos por ello, no puede dejar de sentir atracción por el mar. Comenta la complicidad de su padre con su primera mascota, una criatura marina que trasladaba de la casa al mar y viceversa
 

Disfrutar de mí bahía

Es fácil entablar conversación con cualquier persona en esta localidad, debido a la proverbial hospitalidad y disposición al diálogo que caracteriza a sus pobladores.
María Hortensia Obregón López-Silvero

Lo mío era el mar

A unos días de graduada, María Hortensia Obregón López-Silvero, ya estaba laborando en el Centro de Investigaciones Pesqueras (CIP) y recuerda haber llorado de alegría porque se cumplía un anhelo largo tiempo acariciado.

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