MEDIO AMBIENTE

Un mundo sin luz: la vida en las profundidades

A partir de cierta profundidad, que generalmente no sobrepasa los 200 metros y que depende del grado de inclinación del sol (latitud) y de la propia transparencia del agua, la luz solar que llega a la superficie de los mares se extingue por completo. Por estas razones, la mayor parte del océano, el hábitat más grande del planeta, permanece permanentemente a oscuras. Dichas zonas, aunque privadas de aquellos organismos que realizan la fotosíntesis, no están exentas de vida. Este relato narra como los organismos de las profundidades se valen de numerosas argucias y especializaciones para subsistir exitosamente en un mundo completamente desprovisto de luz.

Una de las características más distintivas del océano es la división más o menos marcada que existe entre la comunidad superficial (epipelágica), que se extiende aproximadamente hasta los 100-200 m, y la comunidad batial y abisal que vive en o está asociada a los fondos de las grandes profundidades oceánicas, y que subsiste gracias a la finísima e interminable lluvia de partículas originadas en el estrato superior, o excepcionalmente, en las plataformas continentales contiguas.

Un grupo especializado de peces, que ha alcanzado la excelencia hidrodinámica, coloniza la zona epipelágica de todos los mares tropicales y templados del mundo. Se trata del grupo de los escombriformes, entre los que se destacan los atunes, agujas o picudos y peces espada.

Criaturas grotescas

La zona profunda que se extiende desde los 200 hasta los 1 000 m, denominada mesopelágica, está dominada por peces linterna, peces pescadores y peces hacha, algunos de los cuales migran a las  capas superiores durante la noche. En contraste con los atunes y la mayoría de los peces pelágicos, el cuerpo de estos peces se aleja por completo de la forma hidrodinámica. Las observaciones realizadas desde submarinos indican que, en ocasiones, pasan grandes períodos “colgados” o casi inmóviles en el agua, con la cabeza indistintamente hacia arriba o hacia abajo, formando densas agregaciones. Solamente cuando son perturbados son capaces de realizar movimientos rápidos de corto alcance. Por debajo de los 1 000 m se extiende la zona batipelágica caracterizada por peces grotescos, de color oscuro, ojos pequeños, musculatura débil y grandes bocas. Las dificultades para obtener el alimento o simplemente para encontrarse con el sexo opuesto, en un ambiente caracterizado por la oscuridad absoluta y permanente y la escasez y gran dispersión del alimento, han favorecido la selección de las especializaciones extremas que caracterizan a los animales abisales. Para estos organismos, la comida constituye una limitante fundamental. Por estas razones, los peces hacha  poseen enormes bocas equipadas con dientes largos, agudos y afilados, y pueden engullir presas mucho mayores que ellos mismos; mientras que los denominados dragones, además de sus afilados dientes, proyectan su boca de manera que pueden engullir piezas muy grandes.  

 Algunas otras especies, como los denominados “peces pescadores” han desarrollado especializaciones tan notables como los filamentos que se forman a partir de grandes modificaciones en las espinas de la aleta dorsal. Las presas, atraídas por este cebo iluminado, descubrirán demasiado tarde que están frente a una poderosa mandíbula que se abre en posición casi vertical.

 Otra adaptación importante es la bioluminiscencia y muchos de los animales batipelágicos tienen órganos productores de luz denominados fotóforos, los cuales poseen diferentes tamaños, forma y disposición. El significado de la luz puede interpretarse de manera diferente, en algunos casos como señal de aviso y en los más especializados como un cebo para atraer a otros peces.

 Un caso notable de especialización reproductora se observa en diferentes especies de peces en que los machos han quedado relegados a la condición de parásitos ya que la hembra, de tamaño normal, lleva al macho, de tamaño reducido, mediante una conexión orgánica con sus vasos sanguíneos. Ello asegura la “disponibilidad del macho”, cada vez que es necesario reproducirse.

 Al estar tan alejados de los lugares donde ocurre la fotosíntesis, no existen fuentes cercanas de alimento y los organismos capaces de vivir en estas profundidades solo dependen de la finísima e intermitente lluvia de partículas de alimento que se generan en las capas superiores de los océanos y que, lentamente, caen hacia el fondo. Aún así, todavía hay que tener mucha suerte para que estas no sean utilizadas por otros organismos del plancton  o no sean degradadas  por la acción de los microorganismos durante su lento descenso.

Por ello, siempre se ha pensado que el fondo de las grandes profundidades submarinas es como un gigantesco desierto casi desprovisto de vida. Pero en los desiertos también existen los oasis, lugares muy particulares que gracias a la presencia de agua también se encuentran llenos de vida. Como veremos a continuación, la presencia de ciertos oasis submarinos, en las grandes profundidades del océano, constituye un  descubrimiento relativamente reciente.

Cuando John Corliss y John Edmond, tripulantes del submarino Alvin, encontraron  en 1977 unos gusanos gigantes en forma de tubos, a una profundidad de 2 500 metros, en la cresta o cordillera submarina de las Islas Galápagos, se abrió un nuevo mundo para los biólogos marinos. En los años siguientes, estos hallazgos, junto a los de otros organismos también de gran tamaño que viven en el ecosistema asociado a las fuentes hidrotermales que emergen del fondo de los océanos, han provocado el asombro de numerosos científicos.

 Ilustraciones: Archivo del autor

mar de noche

La superficie del mar

Las coloraciones del mar son indicios indirectos de la presencia o no de condiciones necesarias para la vida de los seres que pueblan las capas superficiales.

En ninguna parte del mar existe vida en una abundancia tan asombrosa como en sus aguas superficiales. Desde la cubierta de un barco pudimos observar, hora tras hora, los luminosos discos de las medusas, y sus campanas que se mueven suave y rítmicamente, y siembran con sus cuerpos gelatinosos la superficie del agua hasta donde alcanza la vista. Un día advertimos —por la mañana temprano cuando estábamos atravesando un mar que ha adquirido un color rojo de ladrillo—, millares de millones de seres microscópicos, cada uno de los cuales contiene un gránulo de pigmento anaranjado. Al mediodía todavía seguimos navegando a través de mares de aguas rojas, y cuando se hace de noche, el agua brilla con un resplandor impresionante, causado por las luminarias fosforescentes de miles de millones de estos mismos seres microscópicos.

Y es más, se puede vislumbrar no solo la abundancia, sino algo de la feroz crueldad de la vida en las aguas del mar. Al mirar por encima de la barandilla el agua de color verde claro y profundo, sorprende a veces el paso rápido y fugaz de una lluvia de peces de pequeño tamaño. Al herirlos el sol en los costados cuando nadan inquietos, brillan con metálico centelleo y desaparecen en las verdes profundidades con la velocidad de los perseguidos. Quizás no se vea nunca a los perseguidores, pero se presiente su presencia al ver el revoloteo de las gaviotas con gritos que parecen maullidos, esperando que los diminutos peces hagan de nuevo su aparición en la superficie.

Si podemos estar cerca de la superficie de las aguas del océano de noche, nos daremos cuenta de que están pletóricas de vida y pobladas por millares de criaturas extrañas que nunca se ven durante el día. Están animadas por las luminarias de unos pequeños seres parecidos a los camarones, que pasan las horas del día en las tinieblas de las aguas profundas. Estos seres fueron observados por el etnólogo noruego Thor Heyerdahl durante uno de sus viajes. En el verano de 1947 Heyerdahl y cinco compañeros navegaron 4 300 millas a través del Pacífico en una balsa para demostrar la teoría de que los habitantes primitivos de Polinesia podían haber navegado desde América del Sur en balsas. Durante 101 días con sus noches estos hombres vivieron, de hecho, en la superficie del mar.

Al preguntársele a Heyerdahl sobre sus impresiones, especialmente del mar durante la noche, este manifestó lo siguiente: “Sobre todo por la noche, pero ocasionalmente también durante el día, cardúmenes de pequeños calamares voladores saltaban del agua como peces voladores, lanzándose a través del aire hasta unos dos metros por encima de la superficie, hasta que al perder la velocidad que habían adquirido en el agua, caían sin remedio. En su vuelo suave, por la presencia de sus aletas, a distancia se parecían tanto a pequeños peces voladores que no creíamos estar viendo nada no habitual hasta que uno de los calamares vivos tropezó con uno de mis compañeros y cayó sobre la cubierta. Casi todas las noches encontramos uno o dos en la balsa, sobre el techo del cobertizo o cabaña de bambú de que esta estaba provista.”

“Mi impresión personal y precisa es que los seres vivos están durante el día a mayor profundidad que durante la noche. Comprobé que mientras más oscura era la noche mayor número de seres vivos bullían a nuestro alrededor. En dos ocasiones diferentes una macarela o caballa serpiente (Gempylus), nunca vista antes por el hombre, excepto como restos de un esqueleto dejado por las aguas en las costas de América del Sur y de las Islas Galápagos saltó hacia nosotros desde el agua y precisamente sobre la balsa. A juzgar por sus grandes ojos y por el hecho de que este pez no había sido observado hasta entonces, me inclino a creer que es una especie de aguas profundas que sube a la superficie sólo durante la noche”.

“En las noches oscuras pudimos contemplar muchos seres vivos marinos que nos fue imposible identificar. Parecían ser peces de la profundidad del mar, que durante la noche se aproximaban a la superficie. Generalmente los veíamos como cuerpos imprecisos, fosforescentes, con frecuencia del tamaño y forma de un plato; pero, por lo menos una noche, como tres enormes cuerpos de forma regular y cambiante, y de dimensiones que parecían exceder las de la balsa (Kon-Tiki medía 15 metros por 6). Además de estos grandes cuerpos, a veces observamos grandes cantidades de plancton fosforescente, que frecuentemente contenía copépodos luminosos de un tamaño de hasta un milímetro o más”.

Aunque parezca uniforme, la superficie del mar está realmente dividida en zonas definidas, y la índole y naturaleza de las aguas superficiales determinan la distribución de la vida en ellas. Los grandes peces y el plancton, las ballenas y los calamares, las aves y las tortugas marinas, todos estos animales están confinados por lazos indisolubles a ciertos tipos de agua, de condiciones físicas definidas; a las aguas templadas o frías, claras o turbias, ricas en fosfatos o en silicatos.

Para los animales que ocupan un lugar más elevado en una de estas cadenas alimenticias los lazos son más flexibles; viven en las aguas donde abundan los seres de que se alimentan y estos viven en los parajes de mar cuyas aguas poseen las condiciones físicas, químicas y biológicas adecuadas para su vida.

Las coloraciones del mar son indicios indirectos de la presencia o ausencia de condiciones necesarias para la vida de los seres que pueblan las capas superficiales; las capas más profundas, invisibles para nosotros, son las que en gran parte determinan dónde pueden vivir las especies marinas. Las aguas oceánicas no son en modo alguno uniformes; en ciertas zonas son más saladas que en otras, más cálidas o más frías.

Una forma común de pensar es que el agua de los océanos es azul, debido, principalmente, al reflejo del color azul del cielo. En realidad el agua posee por sí misma un ligero color azul cuando se almacena en grandes cantidades. La reflexión del cielo contribuye a que el agua se vea azul, pero no es la principal razón. El origen se debe a la absorción, por las moléculas de agua, de los fotones “rojos” provenientes de la luz incidente, que es uno de los pocos casos en la naturaleza producido por la vibración y la dinámica electrónica.

Contiene sustancias sólidas en disolución, y las más abundantes son el sodio y el cloro que, en su forma sólida, se combinan para formar el cloruro de sodio o sal común, y junto con el magnesio, el calcio y el potasio constituyen cerca del 90 por ciento de los elementos disueltos en el agua de mar.

¿Se extinguirán los manglares?

En las tres últimas décadas, las evidencias de que los patrones globales del clima comenzaron a cambiar de forma acelerada han sido causa de preocupación, primero de científicos y luego de gobiernos de una buena parte del mundo y aunque aún queden muchos escépticos, la humanidad tendrá inexorablemente que combatir las causas de tal cambio y adaptarse a sus consecuencias.

Uno de los principales problemas asociados al cambio climático para los pequeños estados insulares como el nuestro es, sin dudas, el incremento del nivel medio del mar. El calentamiento de la atmósfera producido por la acumulación de gases de efecto invernadero ha comenzado a provocar el derretimiento de las masas de hielo del planeta  y el aumento del volumen de los océanos, lo que unido a la expansión del agua a causa del calor ha ocasionado que se eleve el nivel.

 Según los escenarios estudiados en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), se estima que para el año 2050 el nivel del mar sea alrededor de veinte y siete centímetros superior al actual y para el 2100 se haya elevado hasta 85 cm. Ante tales circunstancias, para finales de siglo Cuba habrá perdido cerca del 5,44 % de las tierras emergidas en la actualidad, por lo cual las regiones costeras serán las más vulnerables. En la provincia de Camagüey, el área afectada ascenderá a 851 km2.

Precisamente en las costas bajas, en contacto directo con el mar, se desarrollan los manglares, una formación forestal constituida por tres especies de árboles adaptadas a vivir en condiciones de hipersalinidad. En ella el mangle rojo ocupa las zonas más expuestas que están en contacto directo con el agua, y por detrás se desarrollan el mangle prieto y el patabán, a veces con franjas bien definidas, aunque es más común encontrarlos mezclados.

Por su ubicación, el manglar constituye la primera línea de contención ante el  aumento del nivel medio del mar, lo que a la vez lo hace muy vulnerable. Esta formación ocupa alrededor del  5 % del territorio nacional y el 26 % de la cobertura boscosa, de modo que en Cuba uno de cada 20 metros cuadrados de superficie está cubierto por manglares y uno de cada cuatro árboles pertenece a alguna de sus especies.

La importancia de estos ecosistemas radica en los servicios ambientales que brindan, entre los que se destacan la conservación de la  biodiversidad, la obtención de recursos madereros,  y la contención de la erosión costera y la intrusión salina.

Al  término del año 2010 el patrimonio forestal camagüeyano contaba con más de  ochenta y cuatro mil hectáreas de manglares, las cuales presumiblemente quedarán sumergidas para fines de este siglo, pues aunque los estudios en la provincia no han concluido, otros similares realizados en el sur de los territorios de Mayabeque y en el norte de Villa Clara, indican la pérdida de más del 85 % de las áreas cubiertas por manglares, debido a la inundación permanente provocada por el aumento del nivel de las aguas.

Aunque el  mar se adueñará de la mayoría del área que hoy ocupan los manglares, y los árboles que ahora allí se desarrollan virtualmente desaparecerán, a estos bosques les queda todavía la opción de migrar tierra adentro.

La estrategia reproductiva de las especies llamadas mangles se basa en la viviparidad, o sea, cuando el fruto se desprende del árbol ya las semillas germinaron, de modo que cae al sustrato una plántula lista para crecer. Este propágulo  (que es así como se llama técnicamente) al caer al agua es llevado tierra adentro por la marea, donde se establece. De ese modo, en la medida que la línea de costa retroceda, las especies de mangles lo harán con ella.

Claro, esto no será tan fácil. Se supone que el mangle rojo continúe ocupando la primera línea, pues se espera que la salinidad del mar no varíe como para convertirse en un factor limitante para la especie;  no obstante, las otras dos enfrentarán el gran reto del aumento de la salinidad en el suelo que se prevé ocurra al disminuir el aporte de agua dulce de las cuencas interiores y aumentar la evapotranspiración a causa de mayores temperaturas.  De ocurrir así, es probable que en la mayoría de los sitios el patabán desaparezca, sea escaso o crezca de forma achaparrada, por lo que el mangle prieto, en ausencia de competencia, creará grandes macizos detrás de la línea de costa.

Al parecer el cambio climático no será el culpable de la desaparición de los manglares en el próximo siglo, algo que sí pudiera suceder a causa de su explotación indiscriminada y mal manejo. Debemos adaptarnos a disfrutar y aprovechar nuevos manglares que ocuparán las áreas donde hoy se desarrollan otras formaciones vegetales, mayormente herbazales de ciénagas y maniguas costeras. Tendremos también que ayudarlos en su nueva cruzada tierra adentro.

Por  Lic. Lorge Acosta Broche.  Especialista Estación Experimental Agro-Forestal de Camagüey

Silicio

SILICIO Y BACTERIAS MARINAS

En el océano el silicio es un elemento clave, pues forma  la  envoltura  de las diatomeas algas unicelulares que constituyen el origen de la materia orgánica. Cuando estas algas mueren, reintegran el silicio al degradarse. Hasta hoy se pensaba que esta etapa, la de disolución, era causada esencialmente por condiciones físicas y químicas (temperatura, pH  otras) y no por la actividad biológica, pero dos científicos   de   la   Universidad   de  Scripps, en California, se cuestionaron tal criterio. Estudiaron entonces la evolución de los cadáveres de dos especies de diatomeas en diferentes soluciones de agua de mar. Sus experiencias muestran que la actividad bacteriana acelera la tasa de disolución de las diatomeas, pues las bacterias hacen colonias muy rápidamente en los restos de estas algas microscópicas. Después atacan la proteína que protege a la envoltura de silicio, liberando así a este último en forma de ácido silícico. La velocidad de disolución depende a la vez de los tipos de algas y de bacterias. Según los investigadores, este mecanismo podría explicar la esencia de la regeneración del silicio en la capa superior del océano.

 

Por  Teresa   Cádiz

El medio en que vivimos es el ambiente que habitamos

PROPÓSITOS Y REALIDADES

Con relación a la Protección del Medio Ambiente, se presentan por todas las vías posibles mensajes dirigidos al incremento de los conocimientos sobre cuáles son los propósitos que tiene el país (algunos son ya compromisos internacionales), con relación a la actividad de la protección, dándole énfasis al incremento de una conciencia individual y colectiva acerca de lo que tenemos que hacer para lograrlo. En el caso del ambiente marino costero también se ha trabajado pero aún no es suficiente.

En Cuba se han hecho muchas cosas y otras están planificadas a corto y mediano plazos, pero algunas no se conocen, y si la población no está informada de las acciones concretas que se vienen desarrollando y financiando al respecto, no apoyará con su actitud diaria la transformación de las ideas en realidades. El tema es complejo pero veamos algunas preguntas y respuestas claves.

¿QUÉ ES EL MEDIO AMBIENTE?

Aunque se acepta decir medio ambiente, en realidad estamos repitiendo lo mismo en dos palabras, pues el medio en que vivimos es el ambiente que habitamos, no obstante, definido brevemente “Es el conjunto de elementos abióticos (energía solar, suelo, agua y aire) y bióticos (organismos vivos) que integran la delgada capa de la Tierra llamada biosfera, sustento y hogar de todos los seres vivos”.

Unos cuantos elementos más para comprender el concepto: La atmósfera, que protege a la Tierra y permite la existencia de la vida, es una mezcla de gases, compuestos y partículas de polvo. Circula en torno al planeta y modifica las diferencias térmicas cuando es calentada por el Sol y por la energía radiante de la Tierra. Un 97% del agua se encuentra en los océanos, un 2% es hielo y el 1% restante es el agua dulce de los ríos, los lagos, las aguas subterráneas, la humedad atmosférica y el suelo.

El suelo es el delgado manto de materia que sustenta la vida terrestre. Las plantas se sirven del agua, del bióxido de carbono y de la luz solar, para convertir materias primas en carbohidratos por medio de la fotosíntesis. Los animales dependen inicialmente de las plantas en innumerables interconexiones. De todos estos procesos dependen los organismos vivos, incluyendo los seres humanos que ya alcanzamos los 7 000 millones.

Así parece que el funcionamiento del planeta es sencillo, pero no lo es, porque la naturaleza y los organismos que forman parte de ella, se enfrentan a fuerzas que actúan sobre los paisajes, influyen sobre el tamaño de las poblaciones y modifican el ambiente. Este permanente desequilibrio es la fuerza para la evolución y los organismos se adaptan a estas nuevas condiciones demostrando habilidades y creando otras, o mueren.

De los 2 millones de especies que se han descrito en el planeta el hombre no es más que una, pero su influencia sobre el resto es enorme, siendo la única de ellas, que de manera notoria puede transformar no sólo lo que le rodea sino hasta la propia biosfera e incluso a todo el planeta.

Si el Hombre es la especie de mayor impacto en la humanidad y está esparcido por doquier, y los océanos tienen tanta importancia pues ocupan las ¾ partes de la superficie del planeta, queda claro que es responsabilidad de ese hombre accionar de forma flexible, para no solo protegerlos sino lograr conservarlos.

ALGUNOS PROBLEMAS AMBIENTALES MARINOS QUE SE PRESENTAN EN CUBA

Son muchos y variados, tales como, la contaminación, que sigue siendo uno de los problemas en el país, a pesar de haberse disminuido significativamente; ríos de trayectorias cortas y rápidas que llevan al mar todo lo que no es vertido directamente; las construcciones en las playas; las extracciones de materiales o petróleo; las actividades recreativas y otras; la pesca indiscriminada de los recursos; la captura de especies amenazadas o en vías de extinción y la utilización de artes de pesca agresivos; la introducción de especies foráneas o invasoras; la deforestación de las zonas costeras, en especial los bosques de manglares; la represa de los ríos. Todo esto, incrementado por el impacto que el cambio climático provoca sobre las zonas marinas.

¿QUÉ HEMOS HECHO PARA CONVERTIR EN REALIDAD LA PROTECCIÓN Y CONSERVACIÓN DE NUESTRO MAR?

La protección y conservación del Medio Ambiente está recogida en la Constitución de la República desde 1976; en 1992 se integró con el desarrollo económico y social sostenible. En 1994 se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente como organismo rector de la política ambiental.

En el trabajo efectuado por el Estado existe una Ley de Medio Ambiente y la Ley de Gestión Integrada Costera que son la base del Programa Nacional de Protección, seguido por una estrategia ambiental, también nacional, que es ajustada en períodos determinados según las condiciones existentes en el país. Se creó el Sistema Nacional de áreas protegidas, dirigido a proteger zonas de particular interés, dentro del cual se encuentran las áreas marinas costeras y que promueve la ejecución de un trabajo meticuloso en la selección y elaboración del plan de manejo de cada una de ellas.

Existen la Estrategia de Educación Ambiental y la Licencia Ambiental, esta última necesaria para evaluar los Impactos Ambientales que toda construcción pueda provocar. Están unidos en un Sistema de Inspección Ambiental Estatal y de investigación científica e innovación tecnológica.

Entre muchos de los resultados ya alcanzados, se destacan la definición de cuáles y donde se encuentran las especies con necesidad de protección, tanto marinas como terrestres, varias de ellas incluidas en tratados internacionales referentes a especies en peligro de extinción, entre ellas, las tortugas marinas, el manatí, el delfín y el coral negro; la aprobación de políticas implementadas por la Pesca tendentes a la reducción y eliminación de artes de pesca dañinos a las especies y a los fondos, así como ajustar sus planes y los potenciales de captura de las especies marinas, a partir de la actualización sistemática de la información científica y el control de las regulaciones que se establecen a tal efecto.

En cuanto a la contaminación está la revisión, mejoramiento y puesta en marcha de viejas plantas de tratamiento; la necesaria inclusión del tratamiento de los residuales en las Licencias Ambientales que se otorguen a proyectos de nuevas inversiones que puedan afectar el ambiente; los diversos planes de saneamiento en bahías y otras zonas de importancia del país y el trabajo realizado para el establecimiento del programa de producciones más limpias, que deben conducir a una mejoría sustancial en este aspecto ambiental.

Se está haciendo especial énfasis en la mitigación y atenuación de los efectos causados por los cambios climáticos, que afectan las zonas costeras y marinas y se elaboran estrategias de respuesta. De ninguna manera puede decirse que ya está todo hecho, pero existen resultados concretos. Los integrantes de cada familia juegan un papel importante en el logro de esta tarea. Cada uno debe hacer lo que le corresponde en el pedacito de mundo que le toca proteger.

¡ Si todos lo hacemos, seguramente que los propósitos se convertirán en realidades!

Océanos sanos, planeta sano

Este viernes 8 de junio se celebra el Día Mundial de los Océanos. La festividad fue instaurada por las Naciones Unidas en el año 2009 y se ha venido celebrando desde entonces en todo el planeta.

A pesar de que los océanos ocupan las tres cuartas partes de la superficie terrestre, el 80 por ciento de su contaminación se genera desde tierra. De los materiales que son arrojados a los mares ninguno supera en cantidad al plástico, del que se depositan ocho millones de toneladas cada año.

Los manglares ¿Se extinguirán?

En las tres últimas décadas, las evidencias de que los patrones globales del clima comenzaron a cambiar de forma acelerada han sido causa de preocupación, primero de científicos y luego de gobiernos de una buena parte del mundo y aunque aún queden muchos escépticos, la humanidad tendrá inexorablemente que combatir las causas de tal cambio y adaptarse a sus consecuencias.

Proyecto ambientalista apoya limpieza en el Almendares

Un símbolo insigne de nuestra capital, el Almendares, ha recibido un maravilloso regalo. Cerca del complejo recreativo de igual nombre, ha sido instalada una valla de gran grosor. Esta se extiende de una orilla a la otra, y crea una columna que impide que los residuos lleguen a la desembocadura y por ende al mar.  

Fumarolas marinas, ¿señal de alerta para los peces?

Descubiertos en los años 70, los respiraderos hidrotermales se hallan en las cordilleras volcánicas activas donde el agua se filtra hacia el subsuelo marino, recoge el calor y los minerales, para finalmente, emerger de nuevo a través de los respiraderos.

Los respiraderos más calientes y vigorosos se denominan fumarolas negras, llamadas así porque cuando los fluidos que emiten golpean las aguas marinas heladas, los minerales se precipitan, y el efecto visual es justamente el de una nube oscura de humo.

EL ALECRÍN, temible merodeador de los mares tropicales

"El mayor y más formidable de los carniceros marinos de nuestras costas." Así calificó nuestro gran Felipe Poey al alecrín o tiburón tigre (Galeocerdo cuvier). La sola mención de este nombre basta para poner la "piel de gallina" entre los habitantes de las regiones tropicales donde habita, en las que reemplaza al famoso jaquetón blanco o "devorador de hombres" (Carcharodon carcharias) como representante de la peligrosidad suma.

Sobre el Medio Ambiente

Es cierto que en relación con la Protección del Medio Ambiente, por todas las vías posibles se presentan mensajes dirigidos al incremento de los conocimientos sobre cuáles son los propósitos que tiene el país (algunos son ya compromisos internacionales), referente a la actividad de la protección, dándole énfasis al incremento de una conciencia individual y colectiva acerca de lo que tenemos que hacer para lograrlo. En el caso del ambiente marino costero también se ha trabajado pero, aún no es suficiente.

Playas y océanos inundados de basura

Día tras día, los mares y océanos sufren las más variadas formas de daños que ponen en peligro, progresivamente, la existencia de millones de plantas y animales que los pueblan... y hasta nuestra propia supervivencia. La degradación del medio marino y las zonas costeras, es causada principalmente por las actividades humanas. Se calcula que el 80 por ciento es de origen terrestre y que más de la mitad de los ecosistemas costeros del planeta sufren esta amenaza en mayor o menor medida.

Granjas de salmón en Canadá

En Canadá la geografía costera de la Columbia Británica presenta una configuración especial, creada por los hielos de la última glaciación. Debido a ello, esta provincia posee numerosas islas con canales entre ellas denominados sondas y que semejan grandes esteros con profundidades entre 200 y 400 metros. Las profundidades y lo extenso de estos brazos de mar hacen que en estas zonas se puedan presentar fuertes oleajes provocados por el viento y las corrientes de marea.

A pesar de esto último existen varias granjas de maricultivo dedicadas a la cría del salmón.

Océanos y mares

Hemos leído y escuchado muchas veces que las aguas ocupan una mayor extensión en el planeta que las tierras emergidas. A pesar de que esa diferencia es de un 40% a favor de las aguas, el mundo en que vivimos lo nombramos Tierra y no Agua. Una simple explicación de ello, estimo que se deba al hecho de que la especie humana es terrestre y no acuática. (1).

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