MODELISMO NAVAL

El ARTE DE LA IMITACIÓN ESCALA

Con el Museo Castillo de La Real Fuerza se cumplió un viejo anhelo: justipreciar el valor de ese inmueble como primer exponente de la arquitectura militar renacentista en América, a la vez que arqueología subacuática e historia de la construcción naval convergen en sus espacios expositivos. A toda vela, se puede transitar por la diversidad de la temática marinera: hallazgos provenientes de naufragios, recreación de la vida a bordo y modelismo naval.

Echando a volar la imaginación no resulta difícil remontarnos a los tiempos en que nuestros ancestros, con pleno dominio de la técnica lítica aparejada al aprovechamiento de las bondades de las maderas cubanas, construyeron la canoa como medio indispensable para la navegación. En contrapartida a esta, arribaron a las costas del Nuevo Mundo las naos conquistadoras al mando del Gran Almirante Cristóbal Colón: la Santa María, la Pinta y la Niña.

 Tras el descubrimiento y conquista del continente americano por el europeo, dio inicio a la      explotación de las riquezas vírgenes, las cuales eran trasladadas a España por medio del Sistema de Flotas, creado en 1561 para proteger los caudales del ataque de corsarios y piratas. Unos pocos años antes, ya la villa de San Cristóbal de La Habana había ganado protagonismo gracias a la posición  estratégica de su puerto, donde convergían las naves que procedentes de Nueva España (México), Cartagena de Indias (en Colombia), Portobello y Nombre de Dios, en la actual Panamá aprovechaban la Corriente del Golfo en su tránsito hacia la Península.

En el Museo Castillo de La Real Fuerza, como parte de una moderna concepción museológica, se exhiben  entre cabos, aparejos y bastimentas vestigios arqueológicos subacuáticos: cajas de caudales, monedas, discos, barras de oro y plata, a la par de astrolabios, sextantes, octantes y brújulas, preciados instrumentos de navegación cuya exposición pública ayuda a los barcos que yacen en el fondo del mar a terminar sus viajes. De hecho, pudiera afirmarse que muchas de estas piezas son evidencia tangible del estrecho vínculo entre Cuba y la Flota de Indias, como parte del mecanismo que englobaba todo el comercio y la navegación de España con sus colonias.

Sin embargo, la notable colección de modelos navales es quizás el mayor atractivo que exhibe el Museo Castillo de La Real Fuerza. Representadas la casi totalidad de las tipologías de naves que han surcado los mares desde los inicios de la humanidad, es hoy referente para el estudio de la historia marítima en Cuba. Realizada con precisión y profesionalidad, sobresale la reproducción a escala del primer medio de navegación de nuestros ancestros: la canoa. En contrapartida, la nao Santa María, protagonista del "encuentro de dos mundos", inicia el tejido conductor por nuestras tradiciones navales, que se complementa con los modelos de cinco de los bajeles construidos en el Real Arsenal de La Habana:

Nuestra Señora de Atocha, Rayo, Bahamas, Príncipe de Asturias y Santísima Trinidad. Mas allá, la rica historia asociada al mar de nuestra nación queda evidenciada en los modelos del Juan Sebastián Elcano, trasatlántico que a finales de la década de 1920 realizó la ruta Mediterráneo - La Habana - Nueva York. E igualmente se puede contemplar la réplica del Victory, insignia del almirante inglés Horacio Nelson, digno rival del Santísima Trinidad en la batalla de Trafalgar. Otras están relacionadas con grandes figuras, como el estratega canadiense Pierre Le Moyne D' Iberville, quien arribó a Cuba a bordo de Le Juste, o el San Ildefonso, bajel que trajo a La Habana con tan solo 16 años de edad al futuro libertador de América, Simón Bolívar.

El modelismo naval es una de las artes manuales más antiguas de la humanidad

El arte de la escala

El modelismo tiene su origen con el hombre, al amparo del abrigo rocoso de una caverna. A la par de los pictogramas e ideogramas, hoy conocidos como arte parietal o rupestre, el hombre de la antigüedad modeló pequeñas figurillas de temáticas antro y zoomorfas que cumplían funciones mágico-religiosas. Genuinos ejemplos son las Venus, estatuillas femeninas consagradas a la fertilidad, o las tallas en hueso de ciervos, en demanda de abundancia y éxito en las labores de caza.

El fin utilitario del modelismo llegó justo con la era industrial y la producción en serie. En fábricas y talleres, a partir de un único modelo creado por un artesano o ingeniero, se confeccionaba un molde y de este se producían un considerable número de piezas u objetos. Sin embargo, dentro del gremio de los artesanos, algunos se mantuvieron fieles a la tradición y conservaron vivo el arte del modelismo con un fin práctico. Por ejemplo, los ebanistas dedicados al negocio de muebles realizaban modelos a escalas que exhibían a los potenciales clientes, sin necesidad de gastar los recursos y el tiempo necesario en la confección del mobiliario a tamaño natural.

Con la era moderna y el surgimiento del coleccionismo comenzó a verse el modelismo como un arte manual, dividido en: dinámicos, aquellos modelos con capacidad cinética, en ocasiones operados por control remoto (aviones, trenes, carros, veleros) y estáticos, realizados con mayor detalle y preciosismo, para alcanzar formas lo más cercanas a la realidad. Estos últimos son muy valorados y cotizados por los coleccionistas, e incluso han sido calificados por las casas de subastas de arte como piezas museables.

Ahora bien, el modelismo a escala está conformado por las temáticas ferroviarias, aeromodelismo, automodelismo, cohetería, modelismo naval y figuras históricas, fantásticas o famosas. Abarca también las maquetas de construcciones civiles o militares, campos de batalla, ambientes fantásticos y de ciencia ficción. Su potencialidad permite que las maquetas hoy sean explotadas por el cine de efectos especiales, al conseguir  gran veracidad para la puesta en escena, a un costo relativamente menor si se compara con la inversión necesaria para construir escenarios a escala natural.

En Cuba, y en particular en La Habana: la tradición del modelismo tiene su origen  conocido  en  la  etapa  colonial  aunque las poblaciones aborígenes que habitaron la Isla fueron diestras en el uso de las maderas preciosas cubanas y hacían trabajos en talla. Tal origen se asocia a la actividad de la construcción naval en las márgenes de la rada habanera.

Los armadores  y constructores de bajeles delineaban en sus planos las estructuras de la futura embarcación y después realizaban un modelo a escala. Con la fundación en 1724 del Real Arsenal de La Habana, se hizo costumbre enviar pequeños modelos de los bajeles a las autoridades de la Armada  ocasionalmente al propio Rey  en reclamo de sus aproba­ciones.

La Giraldilla, desde lo alto del Castillo de la Real Fuerza, convida a visitar la más antigua fortificación  habanera

Una antigua tradición habanera ilustra que los marinos, antes de emprender viaje por los mares del mundo, practicaban un peculiar ritual: acudían al Templete y encomendaban su alma a la virgen del Pilar, situada en la cima de la Columna de Cagigal; se hincaban de rodillas en la Ermita del Santo Cristo del Buen Viaje y por último, echaban en las aguas de la bahía una pequeña embarcación, la cual impulsaban a la margen opuesta, en dirección al santuario de la Virgen de Regla.

Herederos de aquella tradición, los modelistas de hoy hacen del Museo Castillo de La Real Fuerza un bastión inexpugnable del arte a escala. Estas son sus armas: creatividad sin límites, férrea perseverancia, agudeza visual, encomiable memoria espacial, dedicación, amor y pasión.

San Ildefonso

El modelo naval del San Ildefonso, realizado por los hermanos Bouza Miranda, está inspirado en el navío del mismo nombre, que en 1799 contó con la presencia a bordo del joven Simón Bolívar, en la única visita que realizara a Cuba el Libertador de América. En aquella ocasión, el San Ildefonso permaneció varias jornadas anclado en la bahía habanera antes de partir rumbo al puerto de Santoña.

 

Manzanillo

De singular belleza, el modelo a escala del vapor Manzanillo es, sin lugar a dudas, una de las piezas más atractivas de la colección. En pleno auge del fascismo en Europa y cuando los submarinos alemanes hostigaban a los buques en las aguas del Atlántico y el Caribe, el vapor Manzanillo -al igual que el Santiago de Cuba- cubría la ruta Miami-Cayo Hueso, al ser sorprendido, torpedeado e incendiado por una flotilla de submarinos alemanes, el 12 de agosto de 1942. Las víctimas, en su casi totalidad hijos de Cuba, recibieron homenaje póstumo en el Capitolio Nacional y hoy son recordadas con un monumento erigido en la Avenida del Puerto, frente al propio Museo Castillo de la Real Fuerza.

 

Nao Santa María

La reproducción a escala de la nao Santa María, realizada en 1930 por Alberto Crusellas, es quizás una de las más sencillas que exhibe la colección del Museo Castillo de La Real Fuerza. La Santa María, propiedad de Juan de la Cosa, encalló en el litoral costero de la actual República Dominicana. El maderamen de su casco y mástiles fue empleado en la construcción del Fuerte Navidad.

Ra ll

El modelo del Ra II fue donado a Cuba por el propio Thor Heyerdahl, célebre explorador noruego, quien protagonizó varias expediciones de carácter marítimo y con importantes repercusiones para la ciencia antropológica.

Realizado de papiro, como la mayoría de las vetustas embarcaciones utilizadas en el norte de África, el Ra II surcó las aguas del Atlántico en el itinerario comprendido entre Marruecos y Barbados en un plazo de 57 jornadas,  tripulado por ocho hombres  de diferentes nacionalidades. El Ra JI posee 12 metros de eslora y se conserva en el Museo de La Kon-tiki, en Noruega.

 

Juan Sebastián Elcano

Primero de una serie de tres trasatlánticos (Marqués de Comillas y Magallanes), el Juan Sebastián Elcano alcanzaba la velocidad de 16 nudos. De estilo clásico, con proa recta y popa de espejo, separadas entre sí por 145,13 metros de eslora, se propulsaba gracias a dos grupos de turbinas Curtis Parsons que funcionaban con el vapor obtenido de cinco calderas alimentadas por fuel-oíl. Durante los avatares de la Segunda Guerra Mundial, el Juan Sebastián Elcano pasó a manos soviéticas, primero con el nombre de Valga, para luego continuar navegando como mercante bajo la advocación de Jakutia.

Ilustraciones del autor

Tomado de la R-389

Taller en el hogar

Taller. Un sitio para trabajar en el hogar

Además de algunas herra­mientas imprescindibles que debe tener quien gusta del modelismo, es necesario dis­poner de un sitio para trabajar, al que llamaremos taller. No se asus­te por esa palabra, nos referimos a un lugar cualquiera de su casa, cuarto de desahogo o garaje, siem­pre y cuando sea un reducido pero acogedor rincón.

Debe tener una adecuada ventilación e iluminación, esto puede ser bajo una ventana o lo más cerca posible de una puer­ta. Por supuesto, su ubicación dentro de la vivienda no debe interrumpir el paso de sus ocu­pantes y es conveniente evitar que estos, o los vecinos, sean molestados por los ruidos que se produzcan. Mesetas de cocina y mesas de comedor no son las mejores opciones. Y si eres me­nor de edad con intenciones de ser modelista, siempre consulta con tus mayores antes de “ocu­par” un territorio hogareño.

Instalar una mesa de traba­jo para su taller de maquetismo  no requiere de una gran área. Le ofrezco una interesante idea de cómo puede hacerse, aprove­chando una esquina cualquiera. Consiste en un pequeño armario cuya tapa abatible será su mesa, a la que hay que dotar de ilumi­nación. De esta manera tendrá a mano los utensilios, accesorios, pinturas y adhesivos, y ocupará poco espacio una vez recogido.

Si se hace con esmero, se pinta o barniza, no afectará la estética del lugar donde se encuentre.

Otro asunto de interés para el aficionado son los materiales y complementos que requiere para su labor; son aquellos diminutos objetos que al parecer no tienen utilidad alguna, pero que cuando los necesitas, resulta que no los encuentras o recuerdas que los ti­raste a la basura.

Muchos de los detalles a bor­do de un modelo naval, pueden ser representados empleando al­fileres, alambres (de cobre y eléc­tricos), arandelas, cuentas de co­lores, cadenas de bisutería rotas, palillos para limpiarse los dientes, fósforos usados, tornillos, tachue­las, sujetapapeles, clips de varios tipos, pedazos de cartón, carretes de hilo, botones e infinidad de co­sas más.

Pero es preciso tenerlos a mano y clasificados; para lo cual se puede hacer una caja con divisiones, tam­bién es posible utilizar pomos. Es necesario que estén adecuadamente integrados a su gabinete-taller o dis­ponibles en un lugar apropiado de la casa donde no estorben.

Anímese, haga su factoría y comience los trabajos en su peque­ño, pero seguramente eficiente as­tillero.

 

 

 

Por Octavio Céspedes Calaña

Encuentro entre modelistas

El sábado 10, de marzo el museo de arqueología del Centro Histórico de la Habana fue escenario de un interesante evento. Allí, en una de las salas adornadas de bellos murales coloniales repletos de historias, asistieron modelistas de diferentes regiones, quienes se dieron cita por primera vez en mucho tiempo.  

Modelismo naval

Fuerza se cumple un viejo anhelo: justipreciar el valor de ese inmueble como primer exponente de la arquitectura militar renacentista en América, a la vez que arqueología subacuática e historia de la construcción naval convergen en sus espacios expositivos. A toda vela, se puede transitar por la diversidad de la temática marinera: hallazgos provenientes de naufragios, recreación de la vida a bordo y modelismo naval.

S. M. Santísima Trinidad

A 240 años de su botadura en la rada habanera y salido del aserradero del Real Arsenal de La Habana, ha regresado al Centro Histórico de la Ciudad el mayor bajel de su tiempo. Construido por un equipo de modelistas navales de la Oficina del Historiador, el modelo del navío Santísima Trinidad permanecerá al amparo de los baluartes del Museo Castillo de la Real Fuerza.

 

Modelista naval de veinte años

Lázaro Falcón Romero desde muy pequeño sintió afición por los barcos. Nació el 1ro de febrero de 1992 en La Habana, y reside en el Cotorro. También gusta de los aviones, pero en especial aprecia los barquitos que funcionan con motor. Al adquirir los primeros exponentes llenó la bañadera de su casa y… ¡A navegar! Cuando nos conocimos no demoramos en abordar el tema del modelismo naval —tenía entonces 19 años—, así supe de su sueño de construir un modelo navegable.

Exposición de minimodelos (embarcaciones)

Afición y arte.

Nuevamente los aficionados al modelismo, se reúnen en el salón de conferencias del  Museo Castillo de la Real Fuerza para exponer, y debatir interesantes temas

Encuentro de aficionados al modelismo

La cita se efectuará en el capitalino  Museo del  Castillo de la Real Fuerza,  éste sábado 11 de marzo a las 10:00 de a las mañana con la finalidad de intercambiar experiencias en la fabricación de los ejemplares construidos por ellos.

Los modelistas  navales y todos aquellos que les gusta la miniatura además,  conversarán sobre disimiles temas, intercambiarán experiencias en la construcción de sus objetos, así como los materiales y herramientas a utilizar.

En el Castillo de la Real Fuerza

Aficionados al modelismo naval se reúnen en el capitalino  Museo del  Castillo de la Real Fuerza, para intercambiar experiencias en la fabricación de minimodelos de embarcaciones construidos por ellos,  las herramientas a utilizar, así como materiales reciclados en sustitución de otros de difícil adquisición

 

Afición por las pequeñas embarcaciones

Este entretenimiento se convierte en ciencia y requiere conocimientos específicos cuando los aficionados se proponen realizar proyectos propios, deben conocer un poco de interpretación de planos, carpintería, mecánica, artesanía y electricidad. La consumación de todo, llega en el momento de echar al agua el modelo a navegar sin contratiempos.

Modelismo naval en La Fuerza

El Castillo de la Real Fuerza, una de las fortificaciones construidas durante la etapa colonial para defender la ciudad, sirve de sede al encuentro de un grupo de entusiastas aficionados del modelismo que se dan cita allí el segundo domingo de cada mes.

En esta ocasión, el diálogo comenzó con la presentación de dos versiones del buque Ulises (1,50 m) en diferentes etapas de su historia construidos al mismo tiempo por el aficionado Daniel Sánchez; Wilfredo Díaz (Wildi), fiel colaborador de Mar y Pesca, describió la construcción del Pilot; en tanto que Céspedes, quien se encargará de la sección Modelismo Naval a partir del número 426 correspondiente al mes de noviembre, mostró mediante fotos a Madurodam, maqueta-ciudad holandesa, en la que destaca el medio fluvial y modelos navales dinámicos navegando en él, cuyos detalles podremos disfrutar en las páginas de nuestra publicación.
Atraídos por las miniaturas, también se unen al grupo coleccionistas, y Juan Infante asombró con una selección de su colección de autos. Por su parte, Cardet, experimentado maquetista que ha recreado el Granma en más de una ocasión, dialogó con los presentes sobre los materiales que se pueden utilizar en la construcción y decoración de maquetas y modelos.

El Pilar tuvo dos capitanes.

El Pilar tuvo dos capitanes. En 1937, Carlos Gutiérrez, cuando Hemingway viajó a Europa como corresponsal para cubrir la Guerra Civil española. A su retorno, lo sustituyó Gregorio Fuentes, aquien el escritor había conocido en sus primeros viajes a Cuba.

El Pilar por radio control

Entrevista al colaborador de Mar y Pesca y modelista naval Israel Wilfredo Díaz Gómez (Wildy), que construyó un modelo navegable de El Pilar, la embarcación de Ernest Hemingway durante su estancia de veinte años en Cuba

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