LOS VIAJES DEL CÁPITAN

Islas flotantes

El célebre explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), autor del multitraducido libro Kon-Tiki, nombre de la balsa que lo condujo desde Sudamérica hasta la Polinesia, visitó el lago Titicaca y allí tomó experiencias de los uros en la utilización de la caña acuática totora, que mantiene a flote las islas de esa etnia, así como sus embarcaciones.

En los Andes Centrales, entre los territorios de Perú y Bolivia, Heyerdahl comprobó que los uros, como los quechua y aimará, “no sacaban diariamente sus naves a secar después de ser utilizadas. Y, sin embargo, las embarcaciones no se hundían...”.

Posterior a la expedición de la Kon- Tiki, el navegante noruego decidió hacer en Egipto la balsa Ra II con los papiros etíopes del lago Tana, pero con los constructores uros del Titicaca. Este enorme espejo de agua se encuentra en una cuenca de 58 mil km cuadrados y su profundidad media es de alrededor de 100 metros.

Se indica que los uros se refugiaron en el lago para escapar del imperio inca, dominante en la región hasta la llegada de los colonizadores españoles.

Cuentan que hace años una pareja de holandeses con mucha curiosidad se antojó de pasar la noche en una de las islas y a partir de entonces surgió una industria denominada como “turismo vivencial”.

Del lado peruano existen alrededor de 65 islas flotantes y allí viven unas tres mil personas. También la parte boliviana tiene estas increíbles plataformas. Sus construcciones se atribuyen a la etnia uro-chulluni, en Perú, y a la uro-irohito, en Bolivia. Están atadas a postes de madera hincados en el lecho del lago.

Como promedio cada 15 días sus habitantes hacen trabajos de mantenimiento reuniendo totora fresca que colocan en el piso para generar más capas. De noviembre a febrero, durante la temporada lluviosa, estos curiosos refugios humanos se mueven sobre la superficie del agua y al caminar sobre la totora los pies se hunden varios centímetros.

La construcción de estas islas se hace tejiendo las totoras en las zonas del lago donde más abundan, y forman una capa denominada khili. Sobre esta plataforma los uros erigen sus viviendas de malla del propio vegetal acuático y cocinan al aire libre para evitar incendios.

Allí existen iglesias, escuelas y locales comunales cuyos techos suelen ser de calamina. Igualmente poseen corrales para la cría de cerdos y aves. Los fallecidos son sepultados en tierra firme y la lengua común es el aimará.

Las islas flotantes pueden durar un promedio de 30 años, pero los juncos nuevos son añadidos constantemente, pues los que están en el agua se pudren con relativa rapidez.

Los desperdicios humanos son depositados en pequeñas islas expresamente construidas a corta distancia de donde viven y los desechos sólidos expuestos al sol para secar y evitar la contaminación del agua del lago.

Este pueblo preincaico cocina en fogatas sobre piedras, separadas de sus mullidas plataformas, y su alimento principal es el pescado, pero también consumen algunas partes de los juncos que soportan su existencia sobre el agua. Asimismo cazan y practican el comercio con los habitantes de las riberas. Algunos ya viven del turismo, denominado “vivencial”.

                                               Embarcación hecha de juncos

ISLA PITCAIRN

Hace más de dos semanas quedaron atrás las exclusas del canal de Panamá y el buque puso rumbo al centro del Pacífico sur con destino a la isla Pitcairn, (latitud 25.06 sur y longitud 130.10 oeste). Se caracteriza por un suave y ondulado relieve y su punto más alto está a unos 346 m sobre el nivel del mar. A diferencia de  otras islas cercanas, no cuenta con anillo de arrecifes de coral alrededor, pues sus costas son acantiladas. Tiene clima subtropical, con temperaturas entre los 19 y 24 °C y abundantes precipitaciones que alcanzan valores anuales cercanos de 1 800 mm.

Aún en su turno de descanso, los maquinistas siempre trabajan en función de la embarcación y sus tripulantes

Guardia de máquinas

Lo publicado en el número anterior me ha traído algunos contratiempos con viejos amigos maquinistas, que me causan de haber dado un papel protagónico a los guardias de navegación, sin hacer mención a la meritoria labor de los imprescindibles maquinistas. Pienso que para salir del lío que me he buscado con mi artículo anterior nada es mejor que una anécdota.

Estos simpáticos animales están acostumbrados a una vida anfibia

La isla de los cerdos

Siempre que nos viene a la mente el cerdo, recordamos el animal de vida totalmente sedentaria encerrado en un reducido espacio, cuyo objetivo es lograr que su organismo convierta en masa corporal, en el menor tiempo posible, el alimento que consume cada día.

Santa Cruz del Islote

En un soleado día de verano un buque zarpa de la bahía de Cartagena de Indias. Las murallas y las obras de ingeniería militar que rodean la rada, demuestran la forma en que la codicia de terribles invasores definió en su tiempo, la necesidad de proteger aquel importante enclave comercial de la zona.

 

Naufragos que no se ven

Hoy cuando modernos equipos, previamente programados, garantizan cualquier navegación oceánica, los radares advierten sobre la cercanía de tierra y otros buques para evitar los accidentes y las radiobalizas salen a flote y se activan sin que intervenga la acción humana donde comunican que un buque se encuentra en peligro o se ha hundido especificando la posición exacta del siniestro, atrás han ido quedando los vigías o serviolas que como Rodrigo de Triana, cubrían interminables turnos de guardias oteando el horizonte.

Raivavae

A más de 500 km al sur de Tahití, en el grupo insular Austral conocido como la Polinesia Francesa, se encuentran cinco islas altas surgidas a partir de antiguos volcanes que son Raivavae, Rurutu, Tubuai, Rimatara y Rapa Iti. En esta ocasión visitaremos la primera.

Ponte donde el capitán te vea

Hace algunos días tuve la oportunidad de escuchar fuera del ambiente pesquero en que me he desempeñado durante más de 40 años, la frase ponte donde el capitán te vea, y la memoria me transportó a mis orígenes en la entonces Flota Cubana de Pesca, cuando apenas contaba 17 años. Influido por las sugerencias del Subdirector de la revista, que sin ser marino también ha insertado la frase en su vocabulario, me decido a escribir sobre el tema, para lo cual necesariamente estoy obligado a contar un poco de historia.

MARES HELADOS

Siempre que trato el tema de la navegación entre hielos me viene a la mente la historia de Ernest Shackleton con su tripulación a bordo del “Endurance”, cuando en aquella primera travesía al continente antártico, quedaron atrapados en la congelada superficie del mar durante 10 meses. Finalmente la solidificación del hielo logró destruir por completo el barco y los marinos se vieron obligados a sobrevivir de cualquier forma en aquel medio tan hostil.

Foto: Una hachuela encontrada en 1910 en las islas Cook

Los largos viajes de los antiguos polinesios

Más de 4 000 kilómetros separan a la isla hawaiana de Kaho’olawe, en medio del océano Pacífico, de los atolones de Tuamotu, en la Polinesia francesa. Sin embargo, mucho antes de que los europeos llegaran con sus buques a esas aguas del Pacífico, los polinesios habían recorrido esta larga distancia en barco, ida y vuelta, según especialistas de la Universidad de Queensland, en Australia.

La Montea

Se conoce por Montea, o trazado del buque dentro de la arquitectura naval, a la operación de dibujar a escala natural (1:1) las tres proyecciones básicas y las auxiliares que componen el dibujo del casco del buque (llamado también plano de formas o líneas teóricas). Por extensión, se conoce igualmente con este nombre el trazado del dibujo a tamaño natural e las cuadernas, desarrollo de las planchas de los forros e infinidad de partes del buque que requieren aumentar el tamaño del dibujo del proyecto hasta tomar la dimensión de la pieza requerida.

Comentarios acerca de una frase que llegó y se situó en la forma de decir de los marinos y pescadores del alto en Cuba

Hace algunos días tuve la oportunidad de escuchar fuera del ambiente pesquero en que me he desempeñado durante más de 40 años, la frase ponte donde el capitán te vea, y la memoria me transportó a mis orígenes en la entonces Flota Cubana de Pesca, cuando apenas contaba 17 años. Influido por las sugerencias del Subdirector de la revista, que sin ser marino también ha insertado la frase en su vocabulario, me decido a escribir sobre el tema, para lo cual necesariamente estoy obligado a contar un poco de historia.

Nombres en el Caribe

En su libro, Chile o una loca geografía, Benjamín Subercaseaux afirma con razón: La humanidad tiene la tendencia de identificar el nombre de las cosas con su existencia; aquello que no lleva una palabra que lo designe, prácticamente no existe.

Islas artificiales

Con el fin de descongestionar zonas urbanas, resolver problemas relacionados con la sobrepoblación o la carencia de espacios, construir puertos o aeropuertos o simplemente para desarrollar proyectos turísticos —por solo citar algunos ejemplos—, lo cierto es que el hombre ha venido construyendo islas artificiales en casi todos los continentes

Algo más que un faro

El interés del Gobierno español por construir un faro en Cabo Cruz lo fijó en una Real Orden del 21 de abril de 1853. De su ejecución se encargó el gobernador del departamento oriental, Carlos Vargas de Machuca, quien desde inicios de 1855 comenzó la construcción de la obra marítima, culminándose en 1871. Dicho Faro demoró 16 años en erigirse   

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