Por: Daniel Vasconcellos Portuondo

El Torreón “Santa Dorotea de Luna de la Chorrera”, ubicado en la desembocadura del río Almendares o la Chorrera, se edificó por la Real Orden, decretada por el monarca español Felipe IV, a finales de la primera mitad del siglo XVII. El proyecto inicial es adjudicado al ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli.      

Bautista Antonelli, vino expresamente a la capital para el trazado y realización de los torreones de la Chorrera y Cojímar, contó con la contribución de importantes donativos de los vecinos de la villa. Su construcción comenzó bajo el mandato del gobernador,  don Álvaro de Luna y Sarmiento entre 1639-1646. Fue el propio Luna quien nombró dicho fuerte “Santa Dorotea”, y puso al frente del mismo, como su primer gobernador, a don Pedro Salgado.

Estas torres-vigías, se erigieron para cumplir funciones de aviso sobre el paso de las embarcaciones que navegaban delante de la costa, controlar el contrabando e impedir en tiempos de guerra, las posibles infiltraciones del enemigo en la ciudad. El torreón de la Chorrera fue atacado y casi destruido, en julio de 1762, durante el asedio y toma de La Habana por los ingleses, destacándose en la defensa del sitio el capitán de milicias don Luis de Aguiar y Pérez de La Mota y sus hombres. 

A Luis de Aguiar y demás defensores del fuerte se les ordenó el traslado hacia la zona de la cueva de Taganana, área de ubicación en 1796 de la batería de Santa Clara, demolida, para edificar e inaugurar en 1930, el Hotel Nacional de Cuba, uno de sus bares rinde homenaje a Luis de Aguiar. Además en honor a tan significativa figura histórica, a partir de 1764, una de las antiguas calles de la Habana es conocida por su apellido, pues en una casa reformada, esquina Tejadillo vivió y murió.        

En 1763, al concluir los ingleses su dominio sobre la capital cubana, los españoles proyectaron un plan para la reedificación de las fortificaciones del primer sistema para la defensa de La Habana, con la construcción de otras nuevas como: San Carlos de la Cabaña, El Príncipe y Santo Domingo de Atarés. Así, quedó cerrado el triángulo defensivo citadino por tierra.

Entre las reconstrucciones previstas figuraba el torreón Santa Dorotea de Luna de la Chorrera, configurándose entonces, de forma rectangular abaluartada convirtiéndose en reducto, aunque popularmente continúa denominándose torreón.

El centro histórico habanero y sus sistemas de fortificaciones, en el año 1978, son declarados Monumento Nacional de la República de Cuba, y el 14 de diciembre de 1982, el Torreón Santa Dorotea de Luna de la Chorrera, junto al resto de las fortificaciones coloniales capitalinas y su centro histórico fueron declarados por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad.