LOS DESIERTOS COSTEROS

        Por: Abdel kim

En nuestro planeta podemos encontrar un sinnúmero de maravillas. Hermosos paisajes cubren la corteza terrestre, evocando la admiración de quien se detenga a observarlos. Mientras que el mar, en su inmensidad, nos muestra un mundo aún por descubrir.

Por suerte, son muchos los secretos que todavía esconde nuestra madre tierra en sus “bolsillos”. Los desiertos situados a la entrada de algunas costas son uno de ellos. Existen, y no uno, sino varios de estos desiertos costeros. Los podemos localizar cerca de los trópicos de Cáncer y Capricornio, a ambos lados de las márgenes en el continente africano. Mientras que en el americano están situados tanto al norte como al sur, y en la isla de Australia solo podemos apreciarlos en sus litorales occidentales.

Estos parajes surgieron hace miles de años. En su formación intervinieron algunas corrientes oceánicas frías, las cuales fluyen paralelas a la tierra. Entre estas podemos encontrar la corriente de Humboldt, la de Benguela y la Australiana Occidental.

Las superficies de estos torrentes, al moverse, entran en contacto con el aire, enfriándolo y por lo tanto se reduce el nivel de las precipitaciones, las que solamente se producen en pleno océano. La humedad que llega a tocar las costas es muy baja, comparable con la del rocío.

La ausencia de nubosidad origina temperaturas muy elevadas durante el día, que llegan a superar los 400C. En la noche, en cambio, declinan hasta los 600C y frecuentemente surge una niebla espesa que cubre gran parte de estos arenales.

Al igual que en otros tipos de desiertos, la vida vegetal es reducida y aislada. Pequeños arbustos y plantas espinosas dominan el panorama. La fauna, en contraste, es bastante diversa. Son presenciales los roedores, reptiles, insectos, arácnidos, algunos mamíferos, como el coyote o el chacal, y aves, principalmente rapaces y carroñeras como águilas y lechuzas.

Los animales marinos son predominantes. Gracias a las bajas temperaturas de los flujos de agua se produce un notable crecimiento del fitoplancton, lo que atrae a un singular número de especies de peces. La abundancia de sardinas, anchoas, jurel y caballa sitúan estas regiones entre las más productivas zonas de pesca de todo el planeta.

Los desiertos costeros dan una imagen totalmente diferente del paisaje que estamos acostumbrados a ver en las radas. No obstante, ofrecen un panorama llamativo que demuestra cuánto nos queda por aprender de este, nuestro planeta Tierra.