LOS GATOS PESCADORES

Por: Manuel Cruz

Lo extraordinario de nuestra na­turaleza no son solo sus colores, paisajes y detalles impactantes sino también especies curiosas como el Prionailurus viverrinus, conocido comúnmente como el gato pescador. Como bien indica el nombre su principal forma de buscar alimentos es la pesca, aunque también caza aves, insectos y pequeños roedores que cohabitan con él en zonas pantanosas, manglares y áreas de vegetación densa cerca de ríos y riachuelos. Pero sus dominios no se limitan a las orillas, pues nadan largas distancias e incluso se sumergen.

Este felino es oriundo de las regiones del sureste de Asia. Se le puede encon­trar en el norte de India, la península Indochina y Sri Lanka.

Identificarlos resulta difícil, funda­mentalmente por su parecido con otra especie, la Prionailurus bengalensis, más numerosa. Son bastante solitarios y se sienten a gusto en la noche.

Sus características físicas difieren de los domésticos, debido a las condicio­nes del entorno en que viven. Tienen patas cortas con garras poco retrác­tiles y las delanteras son ligeramente palmeadas. Su pelaje es grisáceo con rayas marrones y manchas pardas intercaladas. Está dispuesto en dos capas, una es en extremo tupida y cor­ta, que impide que el agua llegue a su piel, protegiéndola del frío. La segun­da posee el pelo más largo y abierto.

Tiene cabeza ancha y puntiaguda, lo que le permite zambullirse con rapidez. Pue­de pesar entre 6,5 y 15 kg y medir desde 60 hasta 120 cm. Su cola no es muy gran­de, puede tener entre 25 y 40 cm.

Estos mininos también han sido in­cluidos en la larga lista de especies en grave peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conserva­ción de la Naturaleza. La causa funda­mental, una vez más, es el hombre.

Uno de sus más fuertes enemigos son las llamadas granjas camaroneras que limitan grandemente su capacidad de obtener alimentos. También está el problema de la destrucción del há­bitat, la caza ilegal e indiscriminada y los pesticidas que se utilizan en los cultivos los que contaminan las aguas donde acostumbran pescar.

No obstante los grandes esfuerzos de algunas organizaciones y ambientalis­tas, continúan los cazadores furtivos adentrándose en territorios protegi­dos por los gobiernos. Las leyes que se han implantado no son suficientes para proteger estos mamíferos.

Este singular animal, por desgracia, no ha sido visto en muchos años en luga­res donde antes eran comunes. Sería una lástima que la avaricia revestida de insensatez elimine una especie tan pintoresca y poco conocida. Ojalá sus maullidos nunca se apaguen.