Antonio de Gaztañeta

Por: Lic. Célida Cejudo

El reinado de Felipe V le imprimió a España una fuerza y un empuje poco comunes en su historia. Fue muy  importante en esa época la  figura del ministro José Patiño, sobre todo en lo que al plano naval  se refiere.

Patiño creó arsenales, fundó la escuela de guardiamarinas e instituciones para la formación de ingenieros y artilleros. Durante su período gubernamental, la flota española se incrementó en 22 navíos de línea y 340 de transporte. Para realizar tan ingente labor, se auxilió de un personal altamente calificado y de toda su confianza. Uno de los mejores ejemplos de ello, tenemos al almirante Antonio de Gaztañeta.

Antonio de Gaztañeta nació en la ciudad vasca de Motrico en 1656. Sus andanzas marineras comenzaron cuando apenas tenía 12 años. Su padre, Capitán de la Armada, le embarcó consigo, cuidando de que aprendiera no sólo la parte práctica, sino también que se adentrara en los conocimientos técnicos más modernos de la profesión. En todas logró sobresalir.

Empero, muy pronto la fatalidad le hizo poner en práctica su saber. Durante un viaje a Veracruz murió repentinamente su progenitor y tuvo él que asumir el mando de la nave para llevarla felizmente hasta el puerto de Pasajes. Su carrera continuó sin tropiezos, y en corto espacio de tiempo realizó más de una veintena de travesías por el Atlántico.

En 1682 se le otorgó el grado de Capitán de Mar y dos años más tarde obtuvo el nombramiento de Piloto Mayor de la Armada Real del Océano cargo que implicaba una enorme responsabilidad. En 1692 aparece su primer libro técnico “Norte de navegación hallado por el cuadrante de reducción”, que se publicó en Sevi1la y en el que resumía una parte de su experiencia marinera.

Años después fue nombrado Capitán de Mar y Guerra de la Capitanía Real con categoría de Almirante. Junto a Pedro Fernández de Navarre desalojó a los ingleses de las aguas del Darién. Gracias a esta acción se le concedió oficialmente el grado de Almirante  Real de la Armada. En los dos años que siguieron, dirigió personalmente casi todas las campañas navales que tuvieron lugar.

Cierta vez Felipe V tuvo que trasladar una  buena cantidad  de tropas y bastimentos a  Nápoles  para lo cual disponía de muy poco tiempo. Se le confió entonces la misión a Gaztañeta. En 9 días terminó el alijo de las naves y pudieron cumplir  la encomienda.

El monarca, convencido de la capacidad de su almirante, le nombró Superintendente General de los Astilleros de la Cantabria. El vasco desconocía totalmente lo que era la labor de un constructor  naval, pero pudo presentar  sus proyectos al Consejo de Guerra y a la Junta de la Armada. La aprobación por su gestión fue unánime y le ampliaron las facultades para la organización de la Maestranza.

El primero de los buques construidos bajo su dirección fue el galeón Salvador, botado al agua en Zorrosa.  Luego ordenó hacer 6 barcos iguales para la Armada y otros tantos con destino a la Casa de Contratación de Sevilla, así como para la carrera de Indias.

A  mediados de  1718, maniobras  políticas de la  Cuádruple Alianza  hicieron necesaria  la presencia  de tropas españolas en  Sicilia. Como  era  de esperarse, la flota estuvo a cargo del almirante Gaztañeta así como el traslado de los  hombres y caballos que iban a desembarcar. El  16 de junio de 1718, en imponente manifestación  bélica, se hicieron a la mar en Barcelona.

La isla, felizmente, pudo ser ocupada sin ninguna resistencia; pero en agosto una escuadra inglesa, muy superior en todos los órdenes a la hispana, y que comandaba el almirante George Byng, la atacó por sorpresa frente al Cabo Passaro… De poco sirvió la disposición de combate: el vasco se defendió valientemente, más resultó herido en una pierna y finalmente se le hizo prisionero.

Conducidos los españoles a Augusta, una isla cercana, fueron puestos en libertad en breve tiempo y, al regresar a España, no se les consideró  derrotados, pues la causa de tal revés se atribuyó a la premura con que se había organizado la flota y la poca instrucción militar de los hombres.

Continuó el almirante vasco efectuando viajes a América comandando las flotas en que se llevaban los enormes tesoros del Nuevo Mundo. En marzo de 1726, el hábil marino pudo deslizar parte de sus navíos a través de la escuadra inglesa del almirante Hossier, apostada frente a Galicia para impedir el paso de los tesoros americanos a España. Por tal proeza el rey le recompensó con una pensión de 1000 ducados.

Gaztañeta fue un sólido colaborador de la gestión de Patiño. Redactó reglamentos y concibió innumerables proyectos de buques de novedosa estructura. Fue el primero en escribir acerca de la corredera, explicando su construcción y su uso. Algunas de sus obras fueron traducidas a otros idiomas y, además de las ya mencionadas, escribió: “Cuadrante  geométrico  universal  para la conversión  esférica a lo plano, aplicado al  arte de navegar” (1693), y  “Proporciones de las medidas más esenciales para la fábrica de navíos y fragatas de guerra” (1702).

Su vida se extinguió en la capital española el 8 de febrero de 1728 cuando, ya septuagenario, disfrutaba de un merecido retiro.