Algo tiene el mar. ¿Paz?, ¿belleza?, ¿brío? Sí, todo eso; pero hay algo más. Algo indescriptible, algo que nos conecta con la inmensidad del mundo, con la eternidad del universo. Lauren Myracle escribió que el mar “te hace sentir pequeño, pero no en el mal sentido: pequeño porque te das cuenta de que formas parte de algo más grande”. Desde el comienzo de la historia, el mar siempre estuvo ahí, fascinándonos, y el arte, quizás como ninguna otra disciplina, capturó esa sensibilidad.
Pintura de temática marina

- El nacimiento de Venus
Este cuadro, una de las obras más famosas de la Galería de los Uffizi, es de los más destacados del Renacimiento florentino y, sin duda, el más conocido de Sandro Botticelli. Los personajes en primer plano, con la espléndida Venus a la cabeza, dominan el lienzo de tal manera que nos hacen olvidar que lo que tenemos delante es un cuadro de temática marina. Y sin embargo ahí está, con sus aguas rizadas por el soplo de Céfiro, que simbolizan la potencia generadora de la naturaleza: de hecho, de la espuma marina nace la diosa que, de pie sobre una concha, aparece en toda su pureza y perfección.

- La balsa de la Medusa
Lienzo de 5 × 7 metros en el que se representa el drama de un naufragio. Théodore Géricault empezó a trabajar en él en 1818 y tardó más de un año en completarlo, realizando una obra que, con su trágico realismo anatómico y expresivo, es reconocida como un icono del Romanticismo francés. En este caso, la naturaleza no es una potencia generadora, sino destructora. A ella sucumbe un ser humano que ya no puede dominarla: el mar, de un intenso verde que contrasta con la palidez de los personajes, se desata en una tempestad de olas devoradoras contra los náufragos, que son presa del dolor y la desesperación. La balsa de la Medusa, fuente de inspiración para muchísimos artistas de todas las épocas y lugares, pertenece, sin duda, a las obras más bonitas del Louvre.

- La gran ola de Kanagawa
Se trata, probablemente, de la obra figurativa más famosa de todo el arte japonés o, al menos, de la más conocida en Occidente. El artista Hokusai realizó esta xilografía -término que designa la impresión en relieve sobre planchas de madera- alrededor de 1830; en ella están representadas tres barcas de pesca atrapadas en un mar borrascoso y, al fondo, el monte Fuji con la cumbre nevada. El agua, la humanidad y la tierra se mezclan en una armoniosa composición blanca y azul, que domina la gran ola arqueada en primer plano, protagonista indiscutible de la obra. El mar es aquí el tema utilizado para abrir un canal de comunicación inmediato, hecho de imágenes sencillas y, al mismo tiempo, elegantísimas, lo que se traduce en un resultado estético intachable.

- Muchacha en la ventana
Salvador Dalí pinta Muchacha en la ventana durante su período de juventud, cuando empieza a definir su propio estilo experimentando con diversos enfoques artísticos. En este caso, el paisaje no es lo dominante, sino que la composición se divide de forma equilibrada entre el gris de la superficie marina visible desde la ventana y la chica que se asoma a ella. Se trata de Anna Maria, la joven hermana de Dalí, a la cual pintó con frecuencia durante los años 20, pero que aquí aparece representada en su retrato más famoso, aunque esté de espaldas. En esta composición, el mar es el trasfondo de la meditación humana y se une a una tranquila dimensión doméstica que, como se deduce de la ausencia de la hoja izquierda, oculta una naturaleza surrealista.