Artes Plástica

                                                                         El mar en la plástica

VÍCTOR MANUEL (1897- 1969)

“Manuel García Valdés nació en La Habana en 1897, en Marqués González y Carlos III. Su padre era conserje de la Escuela San Alejandro, y desde sus primeros años le fue familiar el ambiente de las aulas de pintura y de dibujo del antiguo caserón de la calle de Dragones: “Tenía siete años de edad cuando entré a la Academia y allí hice mis primeros trazos. A los 13 no me dejaron ingresar pues no tenía la edad reglamentaria”, relataría a una periodista poco tiempo antes de fallecer.

Teniendo 14 años se le nombró, extraoficialmente, profesor auxiliar de Dibujo Elemental. En 1924 realizó su primera exposición personal en la galería San Rafael, de La Habana. Renunció en 1925 a una cátedra de profesor de San Alejandro y ese mismo año, con la ayuda económica del Grupo Minorista, viajó a Francia, donde permaneció dos años, allí en Montparnasse un grupo de artistas lo bautiza con el nombre de Víctor Manuel. A su regreso, en 1927, expuso en los salones de la Asociación de Pintores y Escultores obras de una novedad extraordinaria que marcaron el inicio de la pintura moderna en Cuba.

En la obra pictórica del artista es fácil apreciar su evolución desde la pintura academia aprendida en la añeja escuela cubana, las influencias de los pintores modernos del Viejo y Nuevo Mundo: Cézanne, Matisse, Gauguin, Diego Rivera… hasta llegar a su manera propia, inconfundible, que nos hace distinguir una obra suya entre un centenar de cuadros.

Sobre él se ha dicho queen su obra no hay evolución, nitemporalidad. El saber fundamental de su obra es la serenidad, con un grano de melancolía. De ahí su aire de égloga. ‘Ya destacamos lo que hay de clásico en Víctor Manuel. Y, en efecto, sus paisajes son verdaderas églogas. Estamos en presencia de un Garcilaso cubano de la pintura’ (Marcelo Pogolotti) Muy bello y muy bien visto por Pogolotti. Habría que agregar: y como Garcilaso, precursor”.

Estos juicios, que hemos entresacado de párrafo más extenso de un valioso comentador ya fallecido —Oscar Hurtado— podríamos suscribirlos hoy día.

Víctor Manuel participó en más de 80 exposiciones colectivas —en nuestro país y fuera de él— y presentó unas siete personales. En el extranjero expuso en la Feria Mundial de Nueva York, Riverside Museum, 1939; en México, Palacio de Bellas Artes, 1946;  Unión Panamericana de Washington, Estados Unidos, 1946; Escuela Nacional de Bellas Artes de Tegucigalpa, 1948-1949; Musée National d’Art Moderne, París, 1951; Museo de Bellas Artes de Caracas, 1960; Museo de Arte Moderno, México, 1968.

Obtuvo varios premios en Salones Nacionales. En 1949, en el Salón Anual de Pintura —primero tras el triunfo de la Revolución—, seincluyó como homenaje al artista una exposición retrospectiva de sus obras, y la Dirección de Cultura editó la primera de una serie de monografías de pintores cubanos, escrita por Marcelo Pogolotti, sobre Víctor Manuel.

En 1964 el artista comenzó a practicar la litografía en el Taller de Gráfica de la Plaza de la Catedral.

Víctor Manuel García falleció en La Habana el 1ro de febrero de 1969.

PIES DE GRABADOS

1/ Gitana tropical, París, 1929

Óleo/madera, 46,5 x 38 cm

Col. Museo Nacional

  

El mar en la plástica (cultura edicion 355)
Jan Vermeer (1632-1675)

En 1632, cuando el joven Rembrandt viajó a Amsterdam, para pintar allí el retrato de un famoso galeno —retrato luego conocido por La lección de anatomía del profesor Tulp—, nacía en la vecina Delft un niño que con el tiempo habría de figurar entre los grandes maestros del arte holandés: Jan Vermeer. En Delft, ciudad aún famosa por sus porcelanas, surgió a la vida, se crió, vivió y murió este artista cuya biografía carece del dramatismo de la Rembrandt, y la alegría y el gusto de vivir del sonriente Hals.
Durante toda su existencia pintó tres paisajes, dos de los cuales registra la posteridad: Una calle de Delft y la famosa Vista de la ciudad de Delft, que alguien llamó “uno de los paisajes más maravillosos que jamás se han pintado”. En esta obra, el artista describe amorosamente a su pueblo: su canal, las puertas rojas, las iglesias con sus torres, las miradas a plazas y calles, las embarcaciones de sus pescadores y gentes que se ganan el sustento porteando pasaje de una a otra orilla, etc. En suma, el artista expresa en esa tela todo el cariño que le suscita su lugar natal; tanto es así que vincula su nombre artístico con su origen: “ Jan Vermeer, de Delft”.
De este pintor extraordinario poco se sabe; es decir, tenemos que atenernos en gran parte a lo que sus pinturas nos revelan. Alumno de Karel Fabritius (1622-1654), quien a su vez estudió con Rembrandt y que se estableció en Delft para transmitir sus conocimientos a una serie de pintores locales y otros llegados de otros lugares. Fabritius murió demasiado joven para hacer sobresalir su nombre.
Vermeer cultiva en su obra uno de los rasgos más notables en la plástica holandesa: las escenas de interiores. Parecen bastarle una habitación con paredes casi desnudas y una o dos figuras para representar al universo entero, pero debe a los italianos la rigurosa ciencia de la composición. Es a la distante influencia de Caravaggio a la que debe su arte de realzar los volúmenes por la incidencia de la luz lateral. En su arte no hay dramatismo, sino la intención de hacer visibles todos y cada uno de los detalles…Igualmente su colorido es sobrio: tonos fríos, azul gris perlado, amarillo limón. Pero, qué bien balanceados…
La única obra suya que transmite una atmósfera diversa es La alcahueta, esa joya de la Galería de Dresde: Sentada aparentemente ante un balcón, se halla una muchacha que ha tomado vino y está alegre, y un caballero que le está haciendo una proposición galante; frente a ellos, con un vaso en la mano, está otro caballero —se ha supuesto sea un autorretrato del propio Vermeer—; al fondo, con pícara expresión, la celestina. Esta tela la pintó el artista cuando tendría unos 24 años.
Un comentador no cuenta que cuando Vermeer murió, su viuda, asustada por la inminencia de la ruina, intentó disponer de veintiséis cuadros que se hallaban sin vender en el atelier de su marido. En aquella ocasión, el depositario era Antón van Leeuwenhoek, notable ciudadano de Delft y famoso como inventor del telescopio. Pero ni este distinguido científico y práctico mercader pudo persuadir a los hacedores de que podrían enriquecer a sus descendientes comprando uno de aquellos lienzos por un puñado de florines…

PIE DE GRABADOS
1/ Supuesto autorretrato del artista, en el cuadro La alcahueta.

2/ Vista de Delft (c.1658)
Óleo/tela. 95,5 x 118,5 cm
Mauritshits, La Haya, Holanda.

3/ La alcahueta
Óleo/tela. 1,43 x 1,30 cm
Museo de Dresde, Alemania.

4/ Dama con jarra (c. 1660)
Óleo/tela. 45,7 x 40,7 cm
Metropolitan Museum of Art, New York.

5/ Cabeza de muchacha (c. 1660)
Óleo/tela. 46,4 x 40 cm
Mauritshuits, La Haya, Holanda.

6/ Joven leyendo una carta (c. 1657)
Óleo/tela. 83,5 x 64,5 cm
Museo de Dresde, Alemania.

7/ El estudio del pintor (c. 1665)
Óleo/tela. 120 x 100 cm
Czernin Galerie, Viena.