Rebeldía en el Bounty

Con diferentes nombres la literatura y el cine han abordado el suceso ocurrido en el barco Bounty, perteneciente a la Armada británica

Por Pedro E. Pérez Bordón

En el mes de diciembre de 1787 el Bounty sale del sur de Inglaterra rumbo a Tahití. Su misión no era otra que la de recolectar, cargar y traer al Caribe posturas del árbol del pan, que una vez sembradas, sus frutos constituirían un alimento barato para los esclavos. Sin embargo, la acogida tributada por las nativas del lugar, no tardó en subyugar a los marinos, con quienes surgieron algunos romances que cambiarían por completo el destino del buque y de su dotación.

Tras una larga estadía en tierra, el Bounty se hace a la mar con su carga, pero la disciplina a bordo ya no era la misma. El capitán Bligh, para recuperar el orden, utilizó métodos y estilos de mando que originaron algunos descontentos dentro de la tripulación; como líder de los sublevados surgió la figura del primer oficial Christian.

Los amotinados, además de tomar el mando del barco, dejaron a su suerte, en un bote en alta mar, al capitán con sus fieles seguidores, para después regresar a Tahití.

Ya en tierra, el temor a las severas leyes británicas de entonces, que castigaban con la pena de muerte tales actos, hizo reflexionar a los sediciosos, y surgió la idea de levar anclas e ir en busca de un lugar donde pudieran estar fuera de la acción de dichas leyes. Con estas expectativas fueron embarcados algunos nativos, entre los que se encontraban la mujer de Christian y otras más. Así el Bounty sale de Tahití a explorar diversas islas del entorno.

Aunque la historia no hace referencia alguna, se estima que no representó un gran problema para los insurrectos encontrar su morada definitiva, pues en esa zona en pleno centro del océano Pacífico, existen miles de islas y aparecía en el camino la isla de Pitcairn, la que a pesar de haber sido descubierta a principios del siglo XVI por el marino portugués Pedro Fernández de Quiroz, al servicio de la corona española, aún se encontraba totalmente deshabitada y tenía condiciones para convertirse en la morada definitiva de aquellos hombres.

Una vez explorado el terreno, se escogióla mejor ubicación para el nuevoasentamiento humano y se extrajo delbuque todo lo necesario para la pequeñacomunidad y su subsistencia, hasta quefueran creadas otras condiciones paravivir. Acto seguido el Bounty ardía y las aguas del lugar acogían los restos de la embarcación.

La agricultura y la pesca se presentaban como las mejores opciones para sobrevivir. Luego se manifestaron problemas propios de la convivencia, provocados por la violencia de los ingleses contra los nativos embarcados en Tahití para convertirlos en esclavos. Tampoco faltaron las disputas por las pocas mujeres que existían en el grupo, pero a partir de entonces, Pitcairn contó con un asentamiento humano estable.

La historia registra que el primer contacto que tuvo aquella comunidad con el exterior, se produjo en 1808 cuando un buque estadounidense atracó en la isla. Años más tarde, en 1814, aunque la Armada Británica descubrió la existencia de la colonia, al parecer habían quedado en el olvido los sucesos del Bounty o las guerras napoleónicas acaparaban todo el interés inglés.

Desde entonces la isla ha estado sometida a constantes fluctuaciones en cuanto al número de habitantes. En 1937 llegó a contar con 200 personas, pero la emigración hacia Nueva Zelandia u otros territorios ha ido reduciendo la población a tal punto que en julio de 2006 existían en ella aproximadamente 45 habitantes, quienes se agrupaban en nueve familias descendientes de los amotinados del Bounty con sus mujeres tahitianas.

Pitcairn es una isla de formación volcánica con una superficie cercana a los 50 km², y es considerada territorio británico de ultramar. Su economía se basa en la agricultura y la pesca. Exporta mieles y mantiene como una importante fuente de ingresos la emisión de sellos de correos, apreciados en el mundo de los coleccionistas por sus raros diseños.

De regreso a las versiones que la literatura y el cine nos han hecho llegar sobre este hecho, no queda claro si realmente el móvil del motín fueron los excesos del capitán Bligh o simplemente el amor que Christian y, ¿por qué no, los otros amotinados?, sintieron por aquellas bellas mujeres tahitianas que no quisieron abandonar.

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