EL PISTOLERO DE LOS MARES

Por: Guillermo Blanco

Fotos: Internet

Resulta más fácil imaginar a los camarones como presas que como depredadores. Diminutos y carentes de elementos defensivos como veneno o púas afiladas, parecen no tener posibilidad alguna de sobre­vivir en el despiadado mundo de los mares. Sin embargo, hay una especie de estos decápodos que se resiste a ser la comida de alguien más. Se trata del Epiperipatusbiolleyi, llamado comúnmente camarón pistola.

Aunque una de sus pinzas es hasta diez veces más grande que la otra, cual cañón adosado al cuerpo, la palabra pistola tal vez nos resulte exagerada.

Y es que las especies marinas pueden tener nombres vagos o nombres pre­cisos. Por ejemplo, nadie espera que una manta obispo diga una misa o que un pez perro ladre; pero es muy posi­ble que un pez espada atrape a sus presas con su filoso apéndice y que un pez globo se convierta en algo seme­jante a una pelota llena de pinchos.

Por inverosímil que parezca, el cama­rón pistola es merecedor de semejante apodo. Con un rápido cierre de su enorme pinza crea una onda de cho­que que despide una burbuja a gran velocidad. La presión acústica resul­tante puede matar instantáneamente a presas pequeñas o aturdirlas para facilitar su captura. Esta “bala bur­buja” alcanza una intensidad sonora de hasta 210 decibeles, más alta que la de un proyectil real, lo que convierte a este pequeñito en uno de los animales más ruidosos del océano.

En caso de perder su tenaza “artillera”, la de menor tamaño asume la función del miembro perdido hasta que el otro vuelve a crecer.

Pero el camarón pistola no es invenci­ble: suele ser presa de pulpos y peces de gran tamaño que también evitan su arma poderosa. Criaturas como esta muestran que en el reino submarino, aun los más pequeños pueden guardar un secreto asombroso.

                                                                              El nácar al servicio de la biomedicina

 

Admirado y estudiado por el hombre desde hace milenios, utilizado en prácticamente todos los sectores del arte y hasta de la industria, el nácar sigue siendo, sin embargo, un desconocido en muchos aspectos, por ejemplo, el por qué de su extraordinaria solidez. Científicos españoles y portugueses han emprendido por primera vez el estudio detallado del crecimiento del nácar en los gasterópodos (como los caracoles, pero también como la oreja de mar) con el objetivo de aplicar sus hallazgos en la biomedicina.

El nácar está formado por un 90% de cristales de dragonita (un carbonato de calcio) dispuestos en capas superpuestas, separadas por membranas de conchiolita (de 4 a 6% del total), un complejo de macromoléculas orgánicas, de proteínas fibrosas y de polisacáridos, segregados por la concha de los moluscos. El resto está compuesto de trazas de agua y de diversosiones, cuya disposición muy particular y compleja provoca interferencias luminosas que provocan los admirados destellos.  

El nácar de los gasterópodos tiene una estructura particular, en lascas superpuestas, muy diferente a la del nácar fabricado por los bivalvos (mejillones, ostras…). Al estudiar la formación y crecimiento de esos curiosos apilamientos, los expertos observaron una membrana superficial que, por otro lado, protege al nácar en formación del agua de mar cuando el animal se retracta de su concha. Las estructuras casi circulares destinadas a superponerse, se fabrican dentro de la membrana superficial y son las primeras que crecen en espesor. La fina membrana desaparecerá luego. Una estructura tan elaborada produce la admiración de los especialistas, que la califican de “maravillosamente compleja”.

Esta organización en capas es muy importante. Confiere también una rigidez y solidez a toda prueba que no pasa inadvertida entre los biólogos, siempre en busca del material ideal para reemplazar ciertas pérdidas óseas. Según expertos, los resultados obtenidos podrían conducir a una síntesis de este material en laboratorio, lo que permitirá probar su aplicación en medicina y en cirugía reconstructiva, como la regeneración de los huesos humanos.

(Teresa Cádiz)

 

 

Foto: El nácar es bien visible en este molusco.

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