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GRANDES NAVEGANTES

JEAN FRANCOIS GALAUP

Por: Lic. Célida Cejudo

En las postrimerías del siglo XVIII, mucho quedaba aun por hacer en el campo de los descubrimientos geográficos, a pesar de que una buena parte del planeta ya había sido vista, por lo menos una vez por algún intrépido navegante. Sólo quedaba en un verdadero misterio los paradisíacos Mares del Sur, y hacia ellos se dirigieron los intereses de varias naciones europeas.

Cuando los Estados Unidos alcanzaron su independencia en 1776, gracias a la Paz de Versalles, Francia que había intervenido en la contienda de parte de los norteamericanos, se vio con una poderosa escuadra compuesta de buenos navíos. La Corte de Versalles decidió que era necesario darles un buen uso a aquellos maravillosos recursos y concibió entonces la idea de mandar una expedición al Pacífico.

El Gobierno francés le confió el mando de la expedición a Jean François Galaup, conde de La Pérouse, pues tenía dos condiciones esenciales para la misión: una valentía extraordinaria y una excelente habilidad marinera. Junto a él comandaría la expedición el bretón Fleuriot de Langle, director de la Academia de la Marina, quien llevaba el peso de la parte técnica del viaje.

Este marino francés había nacido cerca de Albi, en 1741. Con apenas quince años de edad, ingresó en la Marina francesa y realizó varias campañas como guardiamarina. En 1759 fue capturado y encarcelado después de haberse batido con gran intrepidez. Fue ascendido a capitán en 1780.

El 1 de agosto de 1785 zarparon del puerto de Brest dos grandes naves: la Astrolabe y la Brousole, bien preparadas desde el punto de vista científico y técnico. En la tripulación se encontraban naturalistas, mineralogistas, físicos, astrónomos, geógrafos, pintores; en resumen, la mejor de todas las expediciones científicas que salieran jamás de un puerto europeo.         
La Perouse después de recorrer las costas de América del Norte y Asia, anduvo algo errante por los archipiélagos polinésicos, hasta que llegó al Fidji. Galaup ya había comenzado su labor cartográfica, elaborando un mapa que cubría la región litoral, que junto con su diario de expedición, los hizo llegar a Francia por tierra.

En enero de 1788 llegó a las costas australianas. Durante esta travesía sus barcos naufragaron como consecuencia de una tormenta y desapareció en los alrededores de la isla de Vanikoro en ese mismo año. La última carta escrita por Lapérouse fue escrita en la bahía de Botany y data del 7 de febrero de 1788. Francia abandonó la búsqueda de los dos barcos en 1791 y el almirante Bruni D’Entrecasteaux se convirtió en el descubridor oficial de las islas Salomón.

Esta fue la última noticia que se tuvo de La Perouse. Después de la escala australiana, que duró un mes, las dos naves francesas se lanzaron a su última travesía. Pero más de doscientos muertos, entre oficiales, científicos y marineros, les costó esta aventura.

A pesar de que los ánimos estaban revueltos, producto de la Revolución Francesa, la opinión pública se hallaba presa de inquietud por la desaparición de La Perouse y de sus compañeros. En 1828, Dumont d’Urville volvió a Vanikoro y recogió más restos del naufragio, por lo que se da como seguro que aquella isla del Pacífico fue la tumba del Conde de La Perouse.

 

 

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Por: Lic. Célida Cejudo

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Por la cultura del mar