El encuentro con un nuevo mundo

Sus cuatro viajes a América cambiaron el mundo para siempre. En realidad, tal como es sabido, Cristóbal Colón buscaba el lejano oriente con una ruta alternativa que evitara los problemas que habían encarecido el comercio entre Europa y las regiones orientales. Su idea era que el extremo oriental estaba mucho más cerca de lo que en realidad decían los cosmógrafos de la época. Debido a tal error, durante su navegación se encontró con algo inesperado: América, o las Indias, como se denominó el continente hasta  la publicación del Planisferio de Martín Waldseemüller, en 1507.

 


Buscando un paso

Entre los grandes mitos de la navegación, encontramos a Fernando de Magallanes (1480-1521). El portugués fue protagonista de grandes gestas en la época, como el descubrimiento del “estrecho de Todos los Santos” (hoy en día estrecho de Magallanes) que les permitió rodear el continente americano al unir los océanos Atlántico y Pacífico. El escorbuto no pudo con él; pero un enfrentamiento con indígenas acabó con su vida, quedando muy cerca de un gran logro: ser el primero en dar la vuelta al mundo, la proeza correspondió a Juan Sebastián Elcano.


 

El señor del Pacífico

James Cook (1728-1779) es uno de los grandes exploradores del Océano Pacífico. Abandonó la granja de sus padres para convertirse en un gran capitán para la Armada Real británica. Después de sus tres viajes, entre 1768 y 1779, se acabaron los espacios vacíos y la indefinición de Oceanía en los mapas. Sus viajes sirvieron para determinar la posición exacta y muchas características, tanto antropológicas como botánicas, de Australia, Nueva Zelanda e innumerables islas del Pacífico.

 

 


EL viajero espía

Para ser un gran viajero hace falta también ser un gran aventurero. Y Domingo Francisco Jorge Badía y Leblich, lo sabía. Sólo así puede un catalán pasar a la historia como Alí Bey. Su carrera es de novela: arabista, viajero, militar, y espía. Sus aventuras lo llevaron a Marruecos, Argelia, Libia y otras regiones del Imperio otomano como Egipto, Arabia, Siria, Turquía y Grecia. Un viaje por el mundo árabe con el que visitó regiones en las que nunca antes había estado un occidental. De ello escribió un libro que se hizo famoso en toda Europa: Viajes de Alí Bey.


 

El geógrafo moderno

Si hay algún viajero que ejemplifique bien la idea de que “el viaje es conocimiento”, ese es el barón Alexander von Humboldt (1769-1859), al menos con permiso de Charles Darwin. En la pintura (Metropolitan Museum of Art, Nueva York) se le puede ver a los pies del volcán Chimborazo, en Ecuador, el punto más lejano del centro de la Tierra, o lo que es lo mismo, el punto más cercano al Sol sin dejar la Tierra. El naturalista alemán exploró todo América del Sur, parte de Asia Central y Europa.


Un viaje revelador

Cuando tenía 22 años, Charles Darwin, embarcó en el Beagle para iniciar una vuelta al mundo que duró cinco años, y cuyo principal resultado fue una teoría revolucionaria: el origen de las especies y la teoría de la evolución. De aquel viaje, publicó en 1839, el libro Diario y Observaciones (también conocido como Diario de Investigaciones). Algunos de los lugares que visitó y estudió fueron las Islas Canarias, Río de Janeiro, la Patagonia, los Andes, las Islas Galápagos, Nueva Zelanda, hasta llegar de nuevo a Inglaterra.


Un héroe perdido en África

Las aventuras del doctor Livingstone, quizá el explorador más famoso de todos los tiempos, son legendarias. Las aventuras en África del doctor Livingstone son legendarias. No obstante, fue considerado héroe nacional por los británicos. Entre sus logros están sus exploraciones por las regiones centrales de África que le llevaron a descubrir las cataratas Victoria. Tras algunas desventuras y la muerte de su mujer por disentería, David Livingstone, desapareció por un largo tiempo, por lo que el periódico New York Herald, organizó una exitosa y popular expedición en su búsqueda.


La viajera romántica

Mary Wortley Montagu es la mujer que estuvo en un harén y lo contó. La que parecía una vida de aristócrata al uso en Londres dio un giro radical en 1716, cuando su marido fue nombrado embajador ante el Imperio otomano de Constantinopla. Ese viaje fue el revulsivo para afrontar una depresión de la que Mary no lograba deshacerse del todo. Desde el primer momento no se limitó a ejercer de embajadora consorte y se lanzó a descubrir todo lo que le rodeaba con una determinación absoluta que la llevó incluso a disfrazarse de hombre para entrar en lugares prohibidos para las mujeres, como en Santa Sofía. Ella fue el primer occidental en entrar en los harenes del sultán. Todas sus experiencias las relataba, con exactas y bellas descripciones, en cartas que enviaba a amigos. Al morir fueron publicadas y alimentaron la imaginación de los viajeros románticos que soñaban con conocer Turquía.


La vida errante por elección

Hester Stanhope nació en 1776 y dejó la vida victoriana por el desierto, que convirtió en su único hogar. Invirtió la pensión que recibió como herencia para darse el único lujo que realmente le apetecía: viajar. Su vida estuvo llena de aventuras. Tras un naufragio en Rodas en 1812 en el que casi pierde la vida, huyó a Siria y el Líbano junto a un joven amante que conoció en Malta. Viajaron juntos por Grecia, Egipto, Palmira y Jerusalén antes de separarse. Las tribus nómadas de Siria la conocían y era aclamada casi como una reina allá donde llegaba. El mismo Alí Bey quiso conocerla. Pero lo cierto es que sus amigos y siervos la fueron abandonando poco a poco, perdió su fortuna y su delicada salud mental y murió sola y en la miseria; pero donde eligió en vida, en el desierto, frente a las murallas de Palmira. Antes le dio tiempo de dejar un libro, Viaje a Oriente.