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El barco de vela
Por Ramón Rodríguez Escandell
La invención de la vela mejoró notablemente la maniobrabilidad de los barcos y su posibilidad de cubrir grandes distancias. No obstante, el primer velamen se componía de una vela de cruz que solo podía utilizarse con viento en popa. Habría de transcurrir un largo plazo para que el hombre inventara las velas que le permitirían navegar contra el viento.
La vela latina y la vela cangreja significaron el comienzo de una nueva tendencia: en lugar de una vela incómoda, se colocaban varias menores pero más cómodas para la navegación.
A propósito, ¿quién inventó la vela? En la literatura antigua se relata que habían sido algunos mercaderes fenicios o egipcios. Lo cierto es que tales mercaderes pensaron colocar algo semejante a una gran sábana en el mástil de su nave, la cual, con ayuda del viento, surcaba velozmente el océano.
No hicieron mucho uso de la vela ni los bizantinos, sucesores directos de los romanos en el dominio naval, ni en un principio los normandos en sus naves de guerra, las cuales estaban dotadas de gran velocidad y agilidad de movimiento, lo cual era posible usando remos. Más tarde, las naves de los vikingos poseyeron aparejos con velas que facilitaban las maniobras.
A las naves de velas debemos los más importantes descubrimientos geográficos, entre estos es obligado destacar las hazañas de Cristóbal Colon, tema que trataremos en otra ocasión.
En la numismática universal, la temática marina es una de las preferidas por los coleccionistas de este apasionante entretenimiento. Los billetes y monedas que ilustran este trabajo son una muestra de ello.