IMAGEN DE CRISTÓBAL COLÓN EN MONEDAS CUBANAS

 Por: Ramón Rodríguez Escandell

Fotos: Proporcionadas por el autor e Internet

 

Al amanecer del martes 15 de enero de 1796, miles de habaneros llenaban todos los espacios posibles entre el Muelle de Caballería y la Plaza de Armas, en la mayor concentración vista hasta ese momento en la Villa de San Cristó­bal. Esperaban el buque San Lorenzo, procedente de Santo Domingo, que cumpliendo la última voluntad del almirante Cristóbal Colón traería sus restos a tierra firme.

La caja fúnebre fue llevada hacia el obelisco junto a la legendaria ceiba del Templete, en la Plaza de Armas. Se colocó sobre una mesa cubierta de terciopelo negro y rodeada de 36 cirios encendidos. En presencia del Capitán General español se procedió a su apertura, para dejar ver fragmen­tos de huesos, cenizas y polvo. Tras las primeras honras partió el cortejo hacia la Catedral, precedido por cua­tro cañones de campaña y 16 mulas negras, y la caja fue colocada en una de las columnas del altar mayor.

El traslado a Cuba de los restos de Cristóbal Colón fue resultado de la cesión a Francia de la parte española de la isla de Santo Domingo, acor­dada en el Tratado de Basilea, donde también se decide solicitar al Capitán General de nuestro país “la traslación de las cenizas de este héroe a la Isla de Cuba, que también descubrió”.

La iglesia seleccionada para conser­var la reliquia no pudo ser otra que la Catedral de La Habana, donde estuvieron hasta el 12 de diciembre de 1898, año en que se produce la intervención norteamericana. Se dijo entonces que por esa razón los res­tos habían sido trasladados a Sevilla, España, pero innumerables mono­grafías e investigaciones posteriores afirman que reposan en la ciudad pri­mada de Santo Domingo.

En 1854 el ayuntamiento habanero acordó erigir un monumento a Cristó­bal Colón en la parte central del Pala­cio de los Capitanes Generales. Seis años después fue traída desde Italia la estatua creada por el escultor ita­liano J. Cucchiari y finalmente resultó colocada en 1862. La efigie es de már­mol y se encuentra sobre un pedestal del mismo material, flanqueado por dos altas palmas reales y una sinuosa yagruma de elevada copa.

En Cuba, esta imagen fue reprodu­cida por primera vez en el papel moneda que circuló entre los años 1872 y 1883. Aparece en los bille­tes de cincuenta centavos y en los de uno y tres pesos. Por su antigüedad y poca cantidad de ejemplares exis­tentes, son muy apreciados entre los numismáticos del mundo.

En 1990, con motivo del V Centena­rio del Encuentro de Dos Mundos, la Empresa Cubana de Acuñaciones de La Habana emitió una serie de 10 mone­das de diez pesos plata y de un peso en cuproníquel, dedicadas a la figura de Cristóbal Colón.

El barco de vela

Por Ramón Rodríguez Escandell

La invención de la vela mejoró notablemente la maniobrabilidad de los barcos y su posibilidad de cubrir grandes distancias. No obstante, el primer velamen se componía de una vela de cruz que solo podía utilizarse con viento en popa. Habría de transcurrir un largo plazo para que el hombre inventara las velas que le permitirían navegar contra el viento.

La vela latina y la vela cangreja significaron el comienzo de una nueva tendencia: en lugar de una vela incómoda, se colocaban varias menores pero más cómodas para la navegación.

A propósito, ¿quién inventó la vela? En la literatura antigua se relata que habían sido algunos mercaderes fenicios o egipcios. Lo cierto es que tales mercaderes pensaron colocar algo semejante a una gran sábana en el mástil de su nave, la cual, con ayuda del viento, surcaba velozmente el océano.

No hicieron mucho uso de la vela ni los bizantinos, sucesores directos de los romanos en el dominio naval, ni en un principio los normandos en sus naves de guerra, las cuales estaban dotadas de gran velocidad y agilidad de movimiento, lo cual era posible usando remos. Más tarde, las naves de los vikingos poseyeron aparejos con velas que facilitaban las maniobras.

A las naves de velas debemos los más importantes descubrimientos geográficos, entre estos es obligado destacar las hazañas de Cristóbal Colon, tema que trataremos en otra ocasión.

En la numismática universal, la temática marina es una de las preferidas por los coleccionistas de este apasionante entretenimiento. Los billetes y monedas que ilustran este trabajo son una muestra de ello.

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